Abarán conmemora el Día de las Bibliotecas

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Abarán celebró este jueves, 24 de octubre, el acto institucional del Día de las Bibliotecas, una iniciativa de la Asociación Española de Amigos del Libro infantil y Juvenil que tuvo su origen en el año 1997.

Esta conmemoración con la que se pretende dar a conocer y reconocer la labor de las bibliotecas, sus servicios, sus recursos profesionales y, agradecer y reconocer la labor de los bibliotecarios y las bibliotecarias, se llevó a cabo en la biblioteca municipal D. José Vargas Gómez, situada en el Edificio CIMA y contó con la presencia del alcalde de la localidad, Jesús Gómez, el concejal de Cultura, Felipe García y la edil de Educación, Leticia Yelo, además de distintas asociaciones y el colectivo educativo, cultural y social del municipio.

El acto se iniciaba con la lectura por parte de la responsable de Educación, del pregón elegido para este año, que lleva por título “La sin cuento”, obra de la escritora Gemma Pasqual.

Seguidamente los alumnos y alumnas del taller de pintura de la Asociación de Discapacitados Físicos de Abarán (ADFA), junto a la Asociación Gamha, y la Asociación “Peña del Palpelillo”, donaron a la zona infantil de la biblioteca, el cuadro que sirvió para anunciar la Batalla de Flores en las pasadas fiestas patronales.

Igualmente los asistentes, pudieron dejar escrito en un mural sus mejores momentos vividos en la biblioteca.

Paralelamente se estuvieron vendiendo libros duplicados a beneficio de Lorenzo, el niño de Abarán de 17 meses, que está siendo tratado en Barcelona de un Retinoblastoma, un tumor maligno que afecta en su caso a la retina del ojo izquierdo.

Además de la de este jueves, la Concejalía de Cultura ha programado hasta el jueves, 31 de octubre, una serie de actividades en las que participan los distintos centros educativos así como el Grupo de Mayores de la Escuela de Adultos, el Grupo de Lecto-Escritura de Cruz Roja y los integrantes del Centro Ocupacional La Noria.

La sin cuento

No quería ser princesa, no quería ser liberada por el príncipe azul. Tampoco que el beso de un Príncipe la devolviera a la vida; ni que la salvara de la explotación infantil, no quería esconderse en la casa de los siete enanitos y ser su criada hasta que un príncipe la viniese a rescatar. No era capaz de renunciar a su voz por el amor de un muchacho; ni esperaba que San Jorge la salvara del dragón. Nobles princesas condenadas a dormir o al silencio, por orden de una madrastra, de un padre o de un hada buena.

Y se calzó sus zapatos rojos y huyó de su cuento, corrió y corrió buscando refugio, convirtiéndose en una sin cuento. Era una sin libro, una sin papeles, no la querían en ninguna parte.

En una cáscara de nuez navegó por el Mar de las Letras, y naufragó. Nadaba contracorriente, fuertes olas de frases la ahogaban, y cuando se dio por vencida y se abandonó a su suerte, de repente, la salvó la capitana Pippi Långstrump, una niña libre, generosa, que nunca se aburría, que se atrevía a cuestionar el razonamiento de los adultos. Acompañada por Matilda navegaban por el mar de las letras para rescatar a todos aquellos personajes que se aventuraban a cruzar el mar buscando un cuento mejor. Heroínas con fuerte sentido de la justicia y del deber de proteger a los más débiles.

Finalmente, después de muchas tribulaciones llegaron a puerto seguro, el Puerto de la Biblioteca, el Paraíso del que le había hablado Borges. Un lugar lleno de tesoros hundidos, como le había dicho Virginia Woolf; una nave espacial que la llevaría a los puntos más lejanos del universo; una máquina del tiempo que la transportaría al pasado lejano y al lejano futuro; una salida a una vida mejor, más feliz y más útil, como le explicó Isaac Asimov. Un lugar donde no necesitaba ser princesa para ser la protagonista de todos los cuentos.

Larga vida a las bibliotecas, refugio de todos, también de los sin cuento, de los sin libro, de los sin papeles, de las niñas que no quieren ser princesas y de los niños que no quieren ser héroes. Larga vida a los bibliotecarios y bibliotecarias, guardianes del Paraíso, de máquinas del tiempo y de grandes tesoros como son los libros.