Adiós a Indalecio, recopilador de historias

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Artículo-de-José-S.-Carrasco-Molina

El viernes, 20 de octubre le dimos el adiós definitivo a Indalecio Maquilón de Jerines, un hombre sencillo, callado, pero que ha colaborado mucho en la vida del pueblo, pero siempre desde la discreción, en segunda fila, lejos de los focos o los escenarios.

Indalecio era de profesión maestro de escuela, que era la denominación que él prefería y fue en el colegio Juan XXIII donde desarrolló la mayor parte de su trabajo docente, procurando transmitir a sus alumnos el cuidado por la lengua española, por su ortografía y su gramática. Era un hombre entrañable del que todos sus compañeros guardan un grato recuerdo, pues era peculiar en sus costumbres y dejaba huella en quienes lo trataban.

Pero, además de su trabajo, Indalecio era un gran amante de las cosas de su pueblo y le gusta, por ello, investigar en sus costumbres y tradiciones. No era investigador de archivos, sino de personas. Y le gustaba entrar en contacto con las personas de mayor edad para aprender de ellas palabras, dichos, costumbres….que él iba apuntando en esa pequeña libreta que siempre llevaba en el bolsillo de su camisa.

Con su moto Guzzi recorría nuestras calles, con sus cuestas y rincones, y se detenía siempre que veía algo o alguien que pudiera tener algún interés etnográfico, tomaba nota..y seguía adelante.

Fue miembro del grupo V Centenario, que en 1983 removió a todo el pueblo en la celebración de los 500 años del Fuero de Repoblación por el que 20 familias de moriscos de Hellín vinieron a establecer su casa en un Abarán entonces casi despoblado. De aquel grupo nació el Centro de Estudios Abaraneros, del que fue un componente muy activo, casi siempre en la sombra, participando en los cursos Abarán: acercamiento a una realidad y en el periódico La Noria. Allá donde estuvo fue siempre un colaborador fiel y leal, que nunca faltaba a un compromiso, llegando siempre puntual a cualquier cita.

Pero  a Indalecio se le relaciona, sobre todo,  con el Programa de Festejos, pues durante muchos años, además de ser colaborador,  tuvo a su cargo la coordinación de esta publicación, tarea a la que dedicaba horas y horas, pues valoraba mucho su importancia para conocer la historia y costumbres de este pueblo. Todos sus artículos tenían un gran valor etnográfico, pero, sin duda, los de los apodos son los que tuvieron una repercusión mayor, dentro y fuera de nuestro pueblo, pues hizo una recopilación de cientos de apodos, producto de esa investigación calle a calle que él iba haciendo en silencio.

Junto a todo ello, era un gran amante de los libros y guardaba, además, todo lo se publicara sobre este pueblo, que él amaba de corazón y no solo de palabra. Además de este ejemplo de abaranero de los pies a la cabeza, nos queda  el ejemplo de su sencillez y servicialidad, cualidades hoy tan poco en boga.

Se nos ha ido en este octubre un gran maestro, un gran abaranero y un gran amigo.

JOSE S. CARRASCO MOLINA