¡BIENVENIDO SEA! Y “HASTA EL AÑO QUE VIENE”

0
975

Un artículo de José Simeón Carrasco Molina (Pepe Jarras) resume la esencia del Día del Niño que ayer vivió Abarán. Una jornada que pese a la lluvia conservó lo fundamental de esta fiesta tan arraigada en el municipio.

¡BIENVENIDO SEA!

Otro año más se cumplió el ritual, y así desde hace más de dos siglos, desde que nuestros tatarabuelos o sus padres o sus abuelos tuvieran la feliz idea de sacar una imagen del Niño Jesús, cuidadosamente vestida,  para que recorriera el pequeño pueblo de entonces, que se estructuraba en torno a la Plaza del Ayuntamiento, y fuera adorado con fe y respeto casa por casa, portado por un sacerdote, con dos faroles en la puerta, y precedido de un animero que, con su alforja y campanilla anunciadora, iba recaudando limosnas para el culto a las benditas Ánimas  del Purgatorio.

Era entonces Abarán como una familia, donde todos se conocían y casi todos tenían entre sí parentesco de diverso grado y todos sentían una fe que se hacía especialmente visible en esa iglesia que nació fruto de la conversión de las antiguas mezquitas a principios del siglo XVI.  De aquella iglesia, pero ya transformada en su estructura actual en el siglo XVIII, al atardecer de cada seis de enero, salían las imágenes del Niño que aún hoy siguen convocando a cientos de abaraneros de más acá y más allá de la Garita, apretujados, sin apenas hueco entre ellos, para vivir el momento de la salida, uno de los instantes más entrañables del calendario abaranero.

Los tiempos han cambiado mucho con el paso de las diversas generaciones que poblamos este rincón del valle, es verdad, pero la fiesta se ha ido pasando de una a otra, de abuelos a hijos y de hijos a nietos, en una cadena maravillosa que une a todo un pueblo en una vivencia común.

Es verdad que ya no se vive en todas las casas esa religiosidad que era común a toda la familia y que hacía que el Niño fuera recibido en los hogares con gran fervor (hay fotos antiguas en que se le adoraba de rodillas); es cierto que en el pueblo ya la religión católica no es la única que se practica, sino que hay otras que conviven con ella; es un hecho que las generaciones más jóvenes están bastante alejadas de la fe y la vivencia religiosa, pero, a pesar de ello, raro es que falten a la cita en su hogar para recibir y besar la esperada imagen cada año.

S2429

Pues, así, en este ambiente, con estas circunstancias de hoy, tan diferentes a las de ese ayer, otro año más, entrada la madrugada del  siete de enero, quizás el día más triste del año abaranero,  llegaron a la iglesia las diferentes imágenes del Niño después de recorrer, casa por casa, todo el pueblo, siendo adorada en cada hogar por tantas familias y amigos que se congregan año tras año, aunque en algunos de ellos la falta de algún miembro, que ha pasado ya a mejor vida,  tiña la visita de tristeza y emocionado recuerdo.

La jornada comenzó por la mañana con tres actos realmente emotivos. A las once de la mañana en la Parroquia de San Pablo, con la asistencia de los Reyes Magos, tuvo lugar la tradicional Misa de Reyes, en la que se canta esa Misa Pastoril de J.R. Gomis que forma parte de la identidad musical de este pueblo, además de esos villancicos tradicionales tan alegres como nuestros. Antes de la Misa, para visitar a los enfermos hospitalizados, se desplazaron varios miembros de la Hermandad de Ánimas haciendo posible que la imagen del Niño llegue a todos los abaraneros que la quieran recibir, sobre todo a los que se encuentran en el lecho del dolor. Y, después de la Misa, otra visita cargada de emoción, y es la visita del Niño a la Residencia Nicolás Gómez Tornero, donde es adorada por todos los residentes, el personal y muchos familiares y amigos que quieren arropar en este día a estos hombres y mujeres que allí han encontrado su hogar en la ancianidad.

Por la tarde, ya bien temprano, la iglesia de San Juan Bautista y la de la barriada Virgen del Oro son los puntos de salida de las primeras imágenes que van a empezar el recorrido por las diferentes calles de estos dos barrios. Con fondo  de villancicos, son recibidas por los numerosos vecinos con emoción dando el pistoletazo de salida de lo que va a ser una noche larga.

En la iglesia de San Pablo, comienza la misa a las 19,30 horas; tras ella, se bendicen y entregan las imágenes a los animeros que van a portarlas y, un poco antes de las 20,30, se produce el momento más esperado, uno de los más emotivos del año, la salida al atrio del Niño, esperado por una multitud que prorrumpe en aplausos y vivas, al mismo tiempo que la Agrupación Musical Santa Cecilia va interpretando A Nazaret marchad o la Señora Ruperta o Si los pastores supieran. Cada animero con su alforja y campana toma su ruta y poco a poco la multitud va repartiéndose por las distintas calles. En la Plaza Vieja una gran hoguera es punto de cita para un numeroso público que llena el tradicional recinto.

Y van pasando las horas, hasta que, sobre las cuatro de la madrugada, vuelven a la iglesia, llena de abaraneros que no se resignan a que acabe este día, tan corto y tan largo. El canto de villancicos y una oración por los difuntos es el colofón final. Un año más se ha cumplido la tradición y una vez más podemos decir con ilusión y esperanza.

“HASTA EL AÑO QUE VIENE”