Detenido un vecino de Cieza después de operarlo de urgencia y extraerle 55 bellotas de hachís del estómago

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El individuo, de origen magrebí, notó un retortijón y se abrazó la barriga. Su rostro se puso lívido. No de dolor. Sino de miedo. Vislumbró el salto hacia la muerte que su organismo, lenta, callada y biológicamente, estaba dando.

Noticia publicada por La Opinión.

“De esta no salgo”, se dijo. Y abortando su plan, olvidándose de cualquier recompensa, echándolo todo a perder para precisamente salvar su vida, dirigió sus pasos tambaleantes hacia el hospital más cercano.

Es la tarde del 7 de febrero cuando el personal médico del Hospital Morales Meseguer lo vio aparecer por la sala de Urgencias. E. H. Ch. era un tipo normal. De 46 años y empadronado en Cieza. Vestía chándal, zapatillas y un abrigo. No llamaba la atención salvo por la cara de angustia. En sus bolsillos llevaba un juego de llaves, un móvil Nokia, un cortaúñas y su cartera. En su estómago llevaba una bomba de relojería cuya espoleta ya había sido accionada.

Hizo falta pocas palabras para que los médicos se miraran y le mandaran a Rayos. A ver qué salía en la ‘foto’. Y mientras, llamaron también a la Policía Nacional.

Eran las diez de la noche ya cuando se presentó una patrulla y se entrevista con el médico.

-Mire -les dice el doctor-. Tenemos un paciente que ha llegado con dolor abdominal y sospechamos que haya ingerido algún tipo de sustancia estupefaciente. Le hemos hecho una radiografía y esto es lo que ha salido.

Los agentes miraron el oscuro plástico que les mostró el doctor. Los uniformados se inclinaron intentando adivinar a qué corresponden las formas que se dibujaban en el interior del paciente.

-¿Ven esas sombras? Creemos que esos cuerpos extraños que se aprecian son compatibles con un montón de bellotas.

-¿Y cómo está este hombre? -podrían haber preguntado los policías.

-Pues ése es el problema -habría respondido el médico-. Llegó aquí asustado con los primeros dolores. La radiografía confirma que tiene algo en su interior, y su estado ha empeorado mientras ustedes venían: está inconsciente. Vamos a operarle para intentar sacar todo lo que lleve en su interior. Su vida peligra. Están preparándolo para quirófano.

Dos cirujanos dirigieron la operación. Tras usar el escalpelo, apartar y abrir vísceras, alcanzaron la larga procesión de bellotas. Un cirujano estiró las pinzas y cogió una. La alzó para que la vieran todos y luego la depositó en una escudilla esmaltada. Repitió esa maniobra 55 veces.

Dividieron en dos grupos las bellotas. En un lado, las 46 que tenían la envoltura bien. Al otro, 9 bellotas de hachís con el plástico roto.

Efectos

Para una dorga como el hachís, el uso recreativo podría aceptarse como el consumo de un gramo. Este consumo produce un efecto estimulante en el sistema central. El hachís, en estos días, suele tener un 10-12 por ciento de principio activo, el tetrahidrocannibol.

Es decir: Si cada bellota suele pesar unos 10 gramos y 9 de ellas se rompieron, ese hombre llevaba 9 gramos puros de THC en su cuerpo.

El hachís, como derivado del cannabis, se obtiene con forma de resina. Químicamente, lo que aportan son receptores cannabinoides, los CB1 y CB2. Los primeros actúan en el sistema nervioso central y los segundos en el resto del organismo.

“Una intoxicación así conlleva una  bajada del nivel de consciencia, de la frecuencia cardiaca, de la respiración” explica Aurelio Luna, profesor de Medicina Legal y médico forense en excedencia.

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