Entrevista a Héctor Quijada en ‘La Verdad’

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El periódico La Verdad publica hoy una amplia entrevista con el abaranero Héctor Quijada, comprometido defensor de la naturaleza y el medio ambiente. Pueden ver el artículo en el periódico aquí.

A punto de cumplir 44 años, Héctor Quijada Guillamón (Abarán, 1974) es una persona muy ocupada, pero sobre todo un amante de la naturaleza. Técnico en Trabajos Forestales y de Conservación del Medio Natural, desarrolla su actividad profesional como guía de naturaleza. Durante más de diez años fue monitor y guía en el servicio de información y atención al visitante del Parque Regional Sierra de la Pila. Además, ha trabajado en la investigación y divulgación de las vías pecuarias y caminos públicos tradicionales. Colaborador de varias asociaciones ambientalistas y culturales como La Carrahila, Ecologistas en Acción y Caramucel, que preside, es autor de dos libros. En definitiva, todo un referente en la materia.

-¿Cómo fueron y desde cuándo sus inicios en el mundo ecologista y naturalista y qué le indujo a dedicarse a ello?

-A los once años me apunté, junto con mi hermano, al grupo naturalista de Abarán, con el que empezamos a hacer salidas al campo, lo que condujo a darme cuenta de los problemas que acuciaban a ese entorno natural del que tanto disfrutábamos. El tiempo llevó a que el disfrute me llevara a la implicación y al compromiso.

«No tiene mucho sentido si no reducimos el consumo y sacamos de nuestras vidas materiales dañinos como los plásticos»

-¿Cómo deben solucionarse los principales problemas medioambientales de la Región de Murcia?

-Creo que debe haber, sobre todo, un convencimiento e implicación de toda la sociedad, lo que supone que no nos quedemos únicamente en el discurso y en las palabras bien intencionadas. Por ejemplo, a nivel de partidos políticos y gobiernos, sobre todo el autónomo, asistimos a constantes campañas que no van más allá de la imagen o los esloganes, pero en la práctica real los hechos son muy pocos, cuando no contraproducentes. Uno de los ejemplos más claros lo tenemos en el Mar Menor o en espacios protegidos como Marina de Cope.

«Para frenar los peores escenarios hace falta más implicación y no miras cortoplacistas»

Entiendo que las soluciones afectan tanto a agentes políticos como a organizaciones sociales y ciudadanía, que deberían ser parte activa en la construcción de nuevos paradigmas. Habría que hacer más caso a los datos que la comunidad científica está revelando que ponen en peligro la sostenibilidad de la vida, y trabajar hacia un cambio en el modelo de producción y consumo, transitando hacia un modelo energético basado en las renovables, sin emisiones contaminantes, de reducción de residuos, de conservación de la biodiversidad y de uso sostenible de recursos como suelo y agua, ajustándonos a lo que tenemos.

-Cada vez observamos una mayor concienciación en cuanto a la recogida de residuos y el reciclaje, pero, ¿multar a la gente que lo hace mal es una buena solución?

-Entiendo que eso no tiene mucho sentido si no reducimos el consumo, al mismo tiempo que sacamos de nuestras vidas materiales muy dañinos y perfectamente sustituibles como los plásticos. Hay una parte importante de los residuos que nunca se llegan a reciclar, o si lo hacen, es de forma muy limitada. Es más inteligente e interesante la reutilización. El problema del vertido incontrolado de residuos es nuestra gran asignatura pendiente y lo vemos a diario en casi todos nuestros entornos.

Yo no soy partidario de las soluciones únicamente sancionadoras. Es la más fácil para la Administración, pero la verdadera solución viene de la sensibilización y la adopción de sistemas que nos ayuden a mejorar.

-El cambio climático aparece como causa de todos los males en las noticias medioambientales y algunos científicos y gobernantes dudan de que se esté produciendo, ¿qué opina al respecto?

-Cuando la mayor parte del mundo científico coincide en que se necesita estabilizar la concentración de CO2 atmosférico, está claro que algo de esto sí está pasando. Lógicamente, hay debate sobre este tema en la ciencia, pero cuando los discursos negacionistas vienen precisamente de gobernantes o de la industria que más gases de invernadero emite, para mí es evidente que hay intereses detrás. Para frenar los peores escenarios del cambio climático hace falta implicación y no miras cortoplacistas, que es lo que por desgracia caracteriza a buena parte de la clase política gobernante con capacidad para tomar ciertas decisiones.

-Ecológica y medioambientalmente, ¿cómo está el Valle de Ricote?

-El Valle de Ricote es una comarca afectada por la mayoría de problemas existentes a nivel regional, pero destacaría la agricultura intensiva, la actividad que más incide en el territorio, no solo por su ocupación, sino también porque consume recursos como suelo y agua. Actualmente, se basa en una importante mano de obra que se nutre de los pueblos de la zona, que no tiene muchas posibilidades laborales, sobre todo de la no cualificada. Sin embargo, es un sector que depende mucho del exterior, especialmente de los recursos energéticos. Si esto cambia, pilla a los pueblos que dependen de ella muy poco preparados. Pero el Valle de Ricote tiene oportunidades muy buenas para la agricultura ecológica, la transformación de la movilidad y el transporte.

«La agricultura intensiva es la que más incide en el territorio por su ocupación y porque consume recursos»

-¿Y cómo anda la Región, en general, y el Valle de Ricote, en particular, en cuanto a espacios naturales?

-Hay una buena representación de la variedad de hábitats naturales y biodiversidad existente en el Sureste, en muchos casos con buena calidad de conservación. De lo que tenemos déficit es de que se apueste realmente por su conservación y se hagan las inversiones que merece la partida regional de medio ambiente.

-Se han cometido barbaridades urbanísticas en la huerta, ¿puede citar algunas?

-Hemos tenido unos años en los que la vorágine urbanístico-especuladora nos arrebató el paraje de La Morra y se aprobaron planes urbanísticos en los municipios que ocupaban zonas de huerta tradicional. No podemos permitirnos el lujo de perder más metros de terrenos fértiles de los que disponemos en las vegas del río Segura. Y debería evitarse su urbanización a toda costa, ya sea con carreteras, polígonos industriales u otros equipamientos que impliquen destruir suelo fértil.

-¿Un deseo?

-Una sociedad en armonía con la naturaleza basada en la solidaridad y la justicia social.