Interesante artículo en ‘La Verdad’: La desprotección amenaza la identidad del Valle de Ricote

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Desde que en 1962 la Unesco recomendó la protección del paisaje cultural en la 12ª Conferencia General celebrada en París, convenios y legislaciones internacionales, europeas, estatales y regionales han ido desarrollándose con el objetivo de conservar este patrimonio. Un bien que la propia Unesco define como «el resultado de la acción del desarrollo de actividades humanas en un territorio concreto. Una realidad compleja, integrada por componentes naturales y culturales, tangibles e intangibles, cuya combinación configura el carácter que lo identifica como tal, por ello debe abordarse desde diferentes perspectivas». Sin embargo, pese a que España ha ratificado muchos de estos documentos, incluido el Convenio Europeo del Paisaje que entró en vigor en 2004 y al que España se sumó en 2008, por lo que es de obligado cumplimiento, los paisajes culturales son bienes patrimoniales seriamente amenazados a todos los niveles. (Ver artículo en La Verdad)

Con la intención de poner en evidencia los peligros que se ciernen sobre estos espacios, así como la obligación de las autoridades locales, regionales y estatales de protegerlas, este Año Europeo del Patrimonio, hacemos un repaso sobre algunos de los paisajes culturales amenazados, las actividades que suponen su mayor amenaza y los movimientos ciudadanos gestados en torno a su protección en los últimos años, centrando la atención en uno de los más singulares paisajes culturales de la Región: el Valle de Ricote.

Iniciativas ejemplares

Además, la Consejería de Turismo y Cultura organiza, con la colaboración del Colegio Oficial de Arquitectos de Murcia y la coordinación del arquitecto Pablo Carbonell (Ecoproyecta) y la productora In-Direct Film, las I Jornadas de Paisaje Cultural, que tendrán lugar el próximo jueves 15, en el Museo de Bellas Artes de Murcia, y el 1 de diciembre, en el Palacio Llamas de Ricote. En la primera jornada intervendrán destacados profesionales, referentes nacionales, como Linarejos Cruz, arqueóloga de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura y coordinadora del Plan Nacional de Paisaje Cultural hasta 2016; José Castillo, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Granada y miembro de la asociación Somos Vega. Somos Tierra, que lucha por la defensa del paisaje agrario de la Vega de Granada; Josep Montasell, arquitecto especializado en restauración de Patrimonio Histórico y director del Parque Agrario del Bajo Llobregat hasta 2013, que ha conseguido la preservación, gestión eficiente y desarrollo de un parque agrario metropolitano en la llanura aluvial del Delta del Ebro, que es ejemplo para muchas otras zonas; y, por último, intervendrá el arquitecto Enrique de Andrés, también especialista en Patrimonio Histórico y miembro de Huerta Viva. «Se trata de hacer comprender que el paisaje cultural lo conformamos cada día con nuestras acciones y que es producto de una forma de vida que ya no existe y una relación no destructiva con el entorno natural. La dificultad es recuperar el paisaje tal y como nos gustaría sin recobrar esa forma de vida», apunta De Andrés, que recomienda intervenciones «cuidadosas, elementos lo más respetuosos posibles. Se parece a trabajar en restauración, donde para recuperar un patrimonio debe usarse una metodología que casi no deje huella de la actuación», apunta De Andrés.

Cultura y Turismo organiza unos encuentros para poner en valor el patrimonio natural y cultural del territorio

Las cuatro ponencias permitirán conocer de primera mano casos prácticos en los que la movilización ciudadana ha logrado la implicación de las administraciones para cumplir sus obligaciones de contribuir a preservar con éxito paisajes culturales seriamente amenazados fuera de las fronteras regionales y que son extrapolables y aplicables a valiosos paisajes culturales como la Huerta de Murcia o el Valle de Ricote. Además, «aportarán una metodología para gestionar el paisaje cultural y crearán conciencia de su valor patrimonial. Hay que tomar medidas para compatibilizar la sostenibilidad ambiental, social y económica. Si la actividad agrícola se pierde, el paisaje se pierde», afirma Pablo Carbonell haciendo referencia a los paisajes de la Huerta de Murcia y el Valle de Ricote, en los que el principal elemento transformador ha sido el aprovechamiento agrícola de estas zonas. Y considera que, cada vez más, el paisaje se tiene en cuenta en los planes de desarrollo, «aunque no está del todo asentada esta idea. No se acaba de encajar la perspectiva transversal y que nos toca a todos y a todas las áreas de la Administración», advierte. «Ya tenemos la metodología y el marco estratégico, nos falta entendernos», añade Carbonell, que insiste en la necesidad de hacer rentables las actividades que transformaron ese espacio natural en un paisaje cultural, «como ha ocurrido en las salinas de Marchamalo».

La ciudadanía, por delante

En la actualidad, asociaciones y organizaciones de comarcas como el Altiplano y el Noroeste también llevan tiempo reclamando que las autoridades intervengan para proteger espacios de singular valor etnográfico y cultural. Es el caso del Monte Arabí, primer Monumento Natural de la Región, que sin la intervención de la Plataforma Salvemos el Arabí habría sufrido agresiones que hubieran desvirtuado el entorno; también permanecen vigilantes ante las amenazas que se ciernen sobre las llanuras esteparias de la comarca o el imparable avance de los cultivos intensivos de regadío, que están desplazando a los tradicionales secanos. Una amenaza a la que también se enfrentan los paisajes del Noroeste, que, además, ponen en peligro las surgencias de manantiales y fuentes en un futuro próximo y contra las que se manifiestan asociaciones locales; o el Mar Menor, donde la voz de alarma vecinal comenzó a escucharse tarde, cuando el último episodio de eutrofización de la laguna puso en evidencia el serio peligro en el que se encontraba este singular y valioso ecosistema, paisaje cultural incomparable del litoral regional. Los paisajes costeros de Marina de Cope o Mazarrón son otros ejemplos en los que la falta de coordinación entre las administraciones regionales y un desarrollismo sin orden ni concierto impedirán a las generaciones futuras heredar un patrimonio secular. «Es muy interesante analizar la respuesta social a través de las asociaciones surgidas para proteger el paisaje y su identidad, y que tienen su repercusión», cree Carbonell, quien considera que ese espíritu «no ha impregnado a muchos políticos; la sociedad va por delante».

Sin embargo, la Administración regional, en un intento de cumplir la normativa que le obliga a conservar los paisajes culturales, elaboró en 2009 el ‘Atlas de los Paisajes de la Región de Murcia’, una especie de inventario comarcalizado de los valores naturales, culturales y etnográficos de los territorios que están protegidos por la ley de Protección Ambiental (4/2009), así como por la ley del Suelo de la Región (RD 1/2005). Paradójicamente, según explican los especialistas en paisaje cultural, son precisamente las infraestructuras planificadas por las administraciones públicas las que más deterioran estos bienes.

Un caso de estudio

Un caso especialmente llamativo es el del Valle de Ricote, que en el año 2006 el Ministerio de Cultura incluyó en sus estudios para el Plan Nacional de Paisajes Culturales y redactó el Plan del Paisaje Cultural del Valle de Ricote como protección efectiva para preservar sus valores culturales y naturales. Pendiente de un Plan Especial, todo el trabajo quedó en el aire. No obstante, numerosos Bienes de Interés Cultural de carácter etnográfico, como la acequia Andelma, en Cieza, conocida como la puerta del Valle de Ricote, las Norias de Abarán, el Cabezo de la Cobertera, la Pila de la Reina Mora, el Cabezo del Tío Pío, el recientemente incoado Estrecho del Solvente, junto al Azud de Ojós y las acequias a ambos márgenes del río, junto a su protección natural como ZEPA y LIC, vienen a proteger casi en su totalidad el Valle de Ricote.

Sin embargo, es la actividad de asociaciones culturales como La Carrahíla y Caramucel, que tienen en marcha proyectos como ‘Legado Vivo’ -«los ayuntamientos nos apoyan, aunque es verdad que lo hacemos todo con palicos y cañicas», asegura Jesús Joaquín López, de La Carrahíla-, la que está poniendo en valor elementos patrimoniales tan singulares como el Pino del Solvente, con la recuperación simbólica del punto de encuentro de los representantes de todas las encomiendas del Valle durante siglos; la ruta de la Huerta de Ricote y la del Salto de la Novia. Todo ello fruto de investigaciones que desarrollan y presentan en las Jornadas de Investigación y Divulgación sobre Abarán y el Valle de Ricote, que ellos mismos organizan bienalmente y que celebró su cuarta edición en 2017. Una labor investigadora y divulgativa a la que se suma la Fundación Los Álamos y que pone de manifiesto el deseo de los vecinos del Valle por preservar su identidad.

Sin embargo, para Jesús Joaquín López, esta comarca ligada a los agricultores y la agricultura en los últimos 1.000 años es el despoblamiento y la falta de rentabilidad de la microparcelada huerta la principal razón del deterioro del paisaje. y recuerda que, recientemente, los alcaldes de Ricote y Villanueva han pedido al Gobierno regional ayudas para combatir el despoblamiento, dado que son ayuntamientos con presupuestos muy reducidos.

«Luchamos porque creemos en que el potencial del Valle de Ricote debe ser tenido en cuenta en la Región. Lamentablemente, en los años de bonanza no se sentaron las bases para que ese potencial se pudiera convertir en una realidad», lamentan desde La Carrahíla.