La última ermitaña de la Región se encuentra en Abarán

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No sabe explicar si se trata de una vocación o una dedicación; si es amante del silencio o de la soledad. De lo que sí es consciente es que ha decidido dedicar su vida a Dios, con su espíritu totalmente entregado a la oración y al cielo. Se llama Rosario Hernández Ruiz, es de la pedanía murciana de Los Garres y desde hace casi cuatro años se hospeda en la denominada ´Casa de Oración´, situada en Abarán y que fuera donada por el sacerdote abaranero ya fallecido Antonio Yelo Templado.

Con vistas al Campo de Ricote, la casa se encuentra en el pie de la Sierra del Oro. Es el lugar perfecto para aislarse del mundo, respirar aire puro y para que gente como Rosario sea feliz. Y así es, puesto que no duda en señalar que en este paraje tan especial se siente «cercana al silencio pero, a la vez, a la Gloria del Altísimo». A modo de pequeño templo de clausura, la vivienda tiene varias celdas con camas y un escritorio en cada una de ellas, la cocina, un salón principal y una capilla donde se ubica el Altar Mayor.

La ermitaña, que vive exclusivamente de la caridad y que asegura que es la última que queda en la Región, se levanta a las tres de la mañana y, de rodillas, reza a la Santísima Trinidad, el Ángelus y realiza el ofrecimiento del día. Luego, se toma un café y a las cuatro y veinticinco comienza con su oración silenciosa hasta las siete de la mañana, cuando se reserva una hora de estudio. A partir de las ocho y tras desayunar, comienza con los quehaceres de la casa y del pequeño huerto y jardín que tiene alrededor de la pequeña ermita.

Aguanta hasta las doce del mediodía, hora del Ángelus y, después de media hora de descanso, se concede otra hora de estudio. Las tardes trascurren también entre rezos, la cena –no después de las cinco- y el descanso para poder afrontar un nuevo día. Solo abandona la casa para ir de compras, unas veces a Ricote y otras a Abarán. Lo hace con los donativos que le dejan los que la visitan, quienes también suelen llevarle alimentos no perecederos.

Asimismo, obtiene alguna ayuda con sus dotes artísticas, puesto que esta monja, que perteneció a la orden de Los Dominicos pero que ahora se encuentra en excedencia, es una excelente pintora paisajística y, también, fabrica detalles como rosarios y otras colgaduras para los santos.

Y desde septiembre, y por indicación del vicario de la zona pastoral Cieza-Yecla, José Antonio García López, da unas charlas de formación matrimonial en el palacio episcopal de la murciana plaza del Cardenal Belluga.

Cuando se habla con Rosario, una de las cosas que más llama la atención es la hora a la que se levanta para dedicarse a la oración más profunda. «Tiene que ser de noche, en silencio, porque de esa forma es cuando mejor se escucha a Dios. Por eso madrugo tanto, a las dos y media de la mañana en verano y a las tres en invierno», aclara esta mujer, que confiesa y repite una y otra vez que con la oración ha encontrado el sentido de la vida.

Tampoco tiene miedo a quedarse sola. «La oración siempre protege, incluso en esas largas noches de invierno», aunque aclara que muchas veces está acompañada por otras personas que pasan varios días y fines de semana en la casa, entre ellas su propia madre. «Es gente que quiere estudiar la Biblia y que se siente atraída por la espiritualidad», aclara la ermitaña.No tiene televisión ni nada que pueda distraerla. «Para abrir el corazón a Dios no puedes estar contaminada. No debes dejar que las noticias del día a día te llenen la cabeza de malos pensamientos. En la televisión, la mayoría de noticias son malas y eso te aparta de la purificación de la mente», sostiene Rosario mientras charla en la casa con Antonio Pérez, ´Antoñele´, el organista de Ricote que la visita de vez en cuando para llevarle alimentos. Le confiesa que solo tiene un coche y un teléfono móvil para hablar con su madre y sus amigos y amigas.

Noticia publicada en LA OPINIÓN por Claudio Caballero