
A las 4 en punto de la madrugada del Viernes Santo desde el atrio de la iglesia de San Pablo volvió a hacerse realidad nuestra tradición más antigua, la Procesión de Penitentes.

Unas cien personas encabezadas por el estandarte de la Flagelación flanqueado por dos faroles comenzaron el recorrido que acabó en el mismo lugar sobre las cinco y media .
Se tuvo como siempre un recuerdo por los difuntos, entre otros por Pilar de la Puré, fallecida recientemente y que siempre participaba en esta Procesión.

Además del rezo del Vía Crucis y del Rosario acompañados por esas tonadillas tan propias se hizo una estación en los antiguos enterramientos de la Solana, la Era y la Ermita.
Se trata, pues, de una práctica exclusivamente penitencial que se remonta muy lejos en el tiempo y que nunca debe perderse.




















