Mirada atrás de nuestras fiestas 2018 en un artículo de José S. Carrasco: ‘Llegó el Invierno’

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Dicen los meteorólogos que el invierno comienza el 21 de diciembre y, aunque esto sea así en el resto del mundo, no lo es en Abarán, porque en nuestro pueblo el invierno comenzó el día 30 de septiembre a las once y siete minutos de la noche, cuando sonó el trueno gordo después de una larga traca salpicada de ruido y de colores.

Artículo-de-José-S.-Carrasco-Molina

Y es que en este pueblo las fiestas son la frontera entre un tiempo de alegría y de ocio y el trabajo rutinario, la obligación diaria. Y eso acarrea siempre un estado de cierta melancolía y nostalgia que hemos de vencer con decisión.

Y esta nostalgia aún se acentúa más cuando hemos vivido unas fiestas tan intensas.

Siempre habrá quien le buscará algún defecto, pues hay cosas mejorables como en todo en la vida, pero hay que reconocer que si el éxito de unas fiestas está en la respuesta de la gente, estas han sido realmente exitosas, pues se han movilizado miles y miles de personas en los diferentes actos. Y se han llenado las calles y el Parque y la Plaza Vieja y la Plaza de Toros y la Era y el teatro en todos los festejos que se han programado en los diferentes recintos. Y se ha comprobado una vez más que este pueblo, al que tantas veces consideramos como inactivo y casi muerto, es capaz de despertar y llenarse de vida, alegría e ilusión en estos días finales de septiembre año tras año, siglo tras siglo.

Es por ello por lo que todos debemos trabajar para que esto siga siendo así, pues el que se hagan realidad estos festejos no solo depende del concejal de turno, sino que es todo el pueblo el que debe estar detrás, pues sin la presencia de la gente no tendría sentido organizar esa grandiosa fiesta gigantera (el año próximo el 20 aniversario será, sin duda, un hito) ni las musicales verbenas ni los conciertos ni el espectacular castillo ni la corrida de toros ni el desfile de carrozas. Por cierto que este desfile merece una mención especial, pues, como ocurrió con los gigantes, es la muestra de cómo un grupo de amigos entre sí y, sobre todo, amigos de Abarán, de sus cosas y sus tradiciones, pueden hacer volver una tradición que nunca debió perderse y que arrancaba nada menos que de 1929, año en el que se hizo la primera Batalla de Flores en el Parque. Este segundo año ya se ha notado su consolidación y seguro que, teniendo las ideas claras y las normas bien precisas, volverá ser, como lo era en su tiempo, uno de los principales focos de atracción dentro de la feria.

El secreto, muy sencillo, aglutinar y unir voluntades y, al final, todos los esfuerzos merecen la pena.

Y, haciendo un recorrido por todo lo que en estos días hemos vivido y de la respuesta de los abaraneros, no podemos dejar de mencionar, en estos tiempos en que lo religioso no está precisamente “de moda”, cómo el pueblo se ha volcado también en el culto a sus Patronos, dese las novenas, con la ermita siempre llena, hasta las procesiones y las misas.

Esto es la garantía de que nuestra feria va a seguir durante mucho tiempo, pues sin la base de la devoción y el culto a nuestros Médicos, se iría el cimiento sobre el que se asienta.
Si hubiera que sacar una moraleja de la vivencia tan intensa de estas fiestas, sería la importancia de la unión de un pueblo, pues por unos días nos hemos lanzado a la calle todos, olvidando siglas, ideologías, diferencias sociales,…y nos hemos encadenado bajo una sola bandera, la de nuestro pueblo, y bajo un mismo espíritu, el espíritu de la fiesta. ¿Sería tan difícil esforzarnos todos, empezando por los que nos gobiernan, en mantener esta maravillosa y envidiable unidad el resto del año? Así haríamos más y mejor Abaràn.

Es verdad que mucha gente ha colaborado en que estas fiestas hayan sido realidad, pero es justo reconocer, políticas aparte, la inmensa labor del que ha sido concejal de este ramo durante ocho años que, con unos medios bastantes escasos, pues le ha tocado vivir una época de vacas famélicas, ha conseguido unas fiestas muy dignas y ha dejado el listón bastante alto, ahora que ya parece que tiene intención de dejar la gestión pública.

Con el sonido del trueno gordo aún en los oídos y en el alma, con la perspectiva de un largo octubre por delante, hemos de intentar, como personas y como pueblo, no dejarnos arrastrar por el desánimo y la nostalgia, sino sobreponernos y seguir saliendo a las calles como lo hemos hecho para acompañar a los gigantes o para llenar las calles de confetis o para acompañar a dos imágenes policromadas, tan pequeñas y tan grandiosas al mismo tiempo.

JOSE S. CARRASCO MOLINA

GALERÍA FOTOGRÁFICA DE LAS FIESTAS 2018: