El otoño desde mi mirada

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En un artículo escrito para Radio Abarán, Antonio Moreno “El Cura”, gran conocedor de cómo se manifiesta cada estación del año en nuestros campos, además de con la dulzura literaria que le caracteriza, pues ya ha publicado varios libros de poesía y, a través del objetivo de su inseparable cámara fotográfica, nos ha relatado desde su corazón de artista el significado del otoño desde su mirada.

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El otoño desde mi mirada

En las mitades de Septiembre, cuando empieza a perder el sol ese brillo del tórrido verano, va naciendo un brillo especial en mis ojos, al son del canto alegre, de las campanas de la ermita de mi Abarán.
Campanas que anuncian   días de fiestas, a la vez que suenan a música suave de otoño.

Las noches se alargan, a la vez que se van tornando frías, es entonces cuando el ciclo de la vida vuelve a dar  un vuelco y la naturaleza sigue como un río su curso imparable.

En mi caminar por los campos, veo como el aire frió va cambiando el color del paisaje, lo que hasta hace poco era de un verde vivo, se va apagando lentamente dando paso a colores que acentúan mis sentidos.

Amarillos de múltiples tonalidades, rojos intensos y otros anaranjados, marrones de todos los tonos.

Podría decir que hasta el agua de las acequias y regueras discurre más pausada que en verano, es como si todo se ralentizara, los días transcurren más despacio, como adormecidos.

La huerta cambia de color, pero también de olor, huele a tierra húmeda, a humo de hierba seca quemándose entre los restos de podas y plantas ya caducas.

Huele a ajos tiernos a coles, huele a maíz, a membrillos y granadas, a nispolas y caquiles..

Pero hay algo que hace del otoño algo especial para mí, y que podría describirlo en unas pocas palabras.

Para mí el otoño es dentro de la gran obra de teatro, de este interminable ciclo de la naturaleza, el acto donde el aire y los arboles bailan un impulsivo y sutil tango.

Y yo sentado en mi butaca de primera fila, observo atento ese
baile de fuerza y sensualidad, donde con suaves caricias unas veces, y con fuerza desmedida otras, el aire va desnudando ante mis ojos de privilegiado espectador a los árboles, dejando el suelo alfombrado con su ropa.

Ofreciéndome sin reparos la desnudez completa de sus cuerpos ateridos de frío, mientras yo me lleno el alma a través de mis ojos de ese espectáculo privado que me regala el otoño, así, mientras cubro mis ojos con las manos, simulando que no les miro desnudos ante mis ojos para no hacerles sentir incómodos, me levanto de mi butaca de este inmenso teatro  y volviendo la mirada atrás, al tiempo que les guiño un ojo les susurro que no os entristezca el otoño, incluso desnudos, aún estáis preciosos.

Antonio Moreno.

Impulsivo.