Un artículo de José S. Carrasco invita a reflexionar sobre el futuro de Abarán ‘El peor despoblamiento’

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Hace ya bastantes años, en una emisora murciana, me hicieron una entrevista, creo recordar que sobre la feria. Al finalizar, la locutora me hizo una última pregunta, planteándome qué era, según mi opinión, aquello que Abarán necesitaba con mayor urgencia. Yo respondí, sin dudar:

– ¡Ilusiòn!

Artículo-de-José-S.-Carrasco-Molina

Pues eso mismo respondería si se me hiciera la pregunta hoy. Porque es verdad que nuestro pueblo se está despoblando, especialmente en su casco antiguo, que, si hacemos un recorrido por el casco urbano, nos da la impresión de que medio pueblo está en venta y, cuando una casa se cierra, ya es muy difícil que se abra. Esto es objetivamente comprobable.

Pero si es grave que nuestro pueblo se esté despoblando de gente, mucho más lo es que se esté despoblando de ilusión, que hayamos caído en un estado de desánimo, de desesperanza y de derrotismo que hace muy difícil que este pueblo levante el vuelo.

Solo oímos a nuestro alrededor expresiones como “esto es un cementerio”, “aquí no sale nadie a la calle”, “aquí no hay quien viva”…y vamos poco a poco interiorizando que de Abarán hay que irse “por piernas” y vemos en el futuro un pueblo lleno de telarañas.

Es una situación muy parecida a la que se vivió en España tras la pérdida de Cuba y Filipinas, que dio lugar a la “Generación del 98”, un grupo de escritores obsesionados por lo negativo de la situación española de finales del siglo XIX.

Es como si todo el pueblo estuviera afectado de una depresión colectiva y por ello desanimado ante la posibilidad de que las cosas cambien y de que haya una revitalización en un futuro próximo. Y así, con ese espíritu, evidentemente, no podemos tener el ímpetu suficiente para levantar a un pueblo de esta postración anímica.

Pero, intentando dejar de lado esta situación de negatividad y mirando el pueblo y sus gentes de una manera más optimista y esperanzada, ¿vivimos en un pueblo tan desastroso? ¿estamos en un pueblo sin posibilidades? ¿habitamos un Abarán sin atractivo paisaje, sin señas de identidad, sin capacidad de riqueza, sin manifestaciones de cultura, sin espacios de ocio?.

Si hablamos de paisaje, pocos pueblos pueden disfrutar de este museo del agua al aire libre que son nuestras norias, la presa del Jarral, la central eléctrica, el Motor Resurrección; muy pocos tienen una balconada sobre un encantador valle como la de la Ermita o la vista desde el cabezo de la Cruz o nuestras sierras del Oro o de la Pila o el cabezo de la Cobertera, cargado de historia y misterio o nuestro laberíntico casco antiguo o nuestro Parque Municipal o tantos otros rincones que nosotros no valoramos suficientemente, pero que encantan al forastero.

En cuanto a la economía, muy pocos pueblos pueden presentar unas cifras de exportación de cientos de miles de toneladas de todo tipo de frutas y verduras como el nuestro y ver pasar por nuestras carreteras a tantos camiones frigoríficos con destino a todo el mundo en un espectáculo que para sí quisieran otras localidades vecinas y lejanas.

Respecto a la cultura, el deporte o el ocio, tenemos una infraestructura no demasiado frecuente en pueblos de nuestra envergadura o mayores: Teatro Cervantes, CIMA, plaza de toros, polideportivo, campo de Las Colonias…Y, si hablamos de ocio, hace poco hemos vivido unas fiestas en las que todo el pueblo ha salido a la calle, y cada navidad y cada Semana Santa nuestras calles se llenan en los días principales, y hay gente por doquier. Y es que, cuando oímos un cohete, lo dejamos todo y nos lanzamos a vivir el festejo.

Es decir, recursos tenemos, pero ¿los sabemos cuidar y divulgar?. Posibilidades tenemos pero ¿las sabemos explotar? Espíritu tenemos pero ¿lo ponemos en juego?

Esa es la clave, pues si tenemos, por ejemplo, nuestras norias sin funcionar o nuestros paseos o calles descuidados (y en esto todos tenemos algo de responsabilidad), si no tenemos espacios para el paseo tranquilo sin peligro de ser atropellados, si no buscamos alternativas que completen nuestra dependencia de la agricultura y, sobre todo, si no ponemos cada uno nuestros talentos a disposición de todos, poco podemos avanzar y seguiremos haciendo del lamento nuestra cantilena diaria y constante.

Lo más fácil es echar la culpa al gobernante de turno y la verdad es que no hemos tenido mucha suerte en este aspecto en algunos períodos, pero los que ocupan los sillones del Ayuntamiento son aquellos que se han decidido a dar ese paso que una inmensa mayoría no hemos querido dar, y eso hay que reconocérselo. A ellos habría que pedirles, eso sí, que no hicieran del Ayuntamiento una sucursal del Congreso o de la Asamblea Regional, donde se dice el sí o el no por sistema, sino que pusieran, por encima de sus siglas, las seis letras que forman el nombre de nuestro pueblo. Pues para administrar el día a día en un pueblo pequeño como el nuestro, para hacer un pueblo más bello y habitable, para hacernos sentir a todos partícipes de la marcha del pueblo, son más importantes las voluntades que las ideologías.

Pero ilusionar a un pueblo de nuevo no se puede hacer por un edicto del Ayuntamiento, sino que en esa tarea debemos implicarnos todos. Y todos unidos en un racimo, olvidando esas divisiones y enfrentamientos que, por una visión muy perniciosa de la política, se han producido en ocasiones entre amigos, vecinos o incluso familiares. ¿Es que no están los sentimientos de amistad o vecindad o de familia por encima de las opiniones en política?

Los grandes momentos que ha vivido Abarán en su historia han sido posibles porque el pueblo se ha hecho uno. La puesta en marcha del Motor Resurrección, la base de nuestra riqueza, no solo se hizo gracias a la “cabezonería” de Don Jesús Templado y don Isidoro Gómez, sino porque todo Abarán defendió esta obra cuando desde arriba se pretendía no ponerla en funcionamiento. El ascenso del C.D.Abarán, momento glorioso, no solo fue posible gracias a la generosidad de Carmelo Morte o Constantino Carrasco, sino a que detrás estaba todo el pueblo siguiendo y viviendo a su equipo en un racimo de ilusiones.

No corren buenos tiempos para esta unidad, porque estamos en momentos de política revuelta y más en período pre electoral, y en estas épocas las diferencias se hacen aún más patentes, pero, al margen de los vaivenes y disputas políticas, hay un pueblo que es capaz de salir a la calle cuando se le convoca para la fiesta o para vivir sus costumbres, que es capaz de hacer resurgir tradiciones perdidas como los gigantes o las carrozas, que es capaz de montar espectáculos como el de las Amas de Casa cada año en el teatro, que es capaz de vibrar besando un Niño o yendo tras unos carteles de toros o contemplando el vuelo de unas palomas multicolores tras el encuentro del Domingo de Pascua. Un pueblo que puede asomarse a un mágico valle desde una balconada envidiable, que puede oír el sonido del río en un parque centenario, que puede escuchar la melodía del agua saliendo de los cangilones de sus norias, que puede ver teatro o cine o zarzuela en un teatro tan bello como entrañable.

Todo eso y mucho más configura nuestro paisaje geográfico y humano. Está ahí como el arpa de la rima de Bécquer, silenciosa y cubierta de polvo, que esperaba una mano que la hiciera sonar, que extrajera de ella la música que llevaba en sus cuerdas.

Pues esa mano que puede poner en juego las posibilidades que este pueblo encierra debe ser la de cada uno de los abaraneros, cada uno en su parcela y con sus capacidades y aptitudes, sus ideas y proyectos, pero para ello hay que cambiar el derrotismo por entusiasmo, la negatividad por esperanza, y el pesimismo por ilusión.

JOSE S. CARRASCO MOLINA
Cronista Oficial de la Villa