Un vídeo de Piti ilustra la ‘Carta a un amigo forastero’

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Crónica de José Simeón Carrasco Molina

Mi querido amigo: hace ya mucho tiempo que te vengo hablando de mi pueblo, de sus cosas y sus costumbres, de sus paisajes y sus gentes y siempre me has insistido en tu deseo de venir a vivir la Noche del Niño, de la que tantas cosas te he contado y la verdad es que sé que estás molesto porque nunca te he invitado a conocer en vivo esta bella tradición abaranera. Y es que siempre he pensado y sigo pensando que esta fiesta no tiene interés turístico ninguno, sino un interés familiar y cristiano y creo que, por ello, te defraudaría pues no es nada espectacular ni grandioso, sino algo tan sencillo e íntimo como la visita de una imagen del Niño Jesús a cada hogar abaranero para ser besado, como signo de adoración, por la familia y amigos que se reúnen en cada casa. Eso, tan aparentemente insignificante, es la esencia y la razón de ser de esta fiesta que tú tanto empeño tienes en conocer.

A pesar de todo, este año voy a invitarte a que vengas el 6 de enero para responder a tu curiosidad.

Pero has de venir por la mañana pues voy  a llevarte primero a la Misa de Reyes, que tiene la peculiaridad de que se canta una Misa Pastoril en latín, música que es una de nuestras señas de identidad.

Verás a Melchor, Gaspar y Baltasar y, cuando acabe la Misa, vivirás conmigo uno de los momentos más emotivos de la jornada, pues bajaremos a la Residencia de Ancianos para ver cómo el Niño es adorado allí por esas personas que, por su edad ya avanzada tienen allí su hogar. Y allí detectarás lo emotivo de esta fiesta, pues es en la visita a los enfermos o a las casas donde algún familiar ha fallecido recientemente donde se vive la esencia de esta tradición con mayor plenitud y autenticidad.

En ellas no hay ruido ni viandas ni jolgorio, todo es respeto y emotivo recuerdo.

Después de que la imagen del Niño, por la tarde, haya recorrido algunos barrios del pueblo más alejados del centro, llega el atardecer.

En la calle hace frío pero, a pesar de ello, verás que un río de gente va bajando hasta el atrio de la iglesia, donde, pasadas las ocho de la tarde, se producirá una explosión de alegría y emoción.

Te extrañas de ver un atrio tan repleto de gentes de todas las edades en el que no cabe un alfiler.

Cientos de personas expectantes apiñadas cantando villancicos para esperar que salgan por la puerta lateral del templo las imágenes de varios Niños que, vestidas de una manera que seguro que te sorprenderá, al aparecer por la puerta, portadas por sacerdotes y animeros, harán vibrar a todos en uno de los momentos que más identifican la idiosincrasia de este pueblo.

Entre los vivas al Niño de gargantas emocionadas, oirás los sones de villancicos como “A Nazaret marchad”  o “La señora Ruperta” y otros que seguro que nunca has oído en ningún otro sitio.

Verás, después de esta explosión de júbilo, cómo las diferentes imágenes se van abriendo paso entre la multitud que pugna por tocarlas y cómo se van distribuyendo por las diferentes rutas para empezar ese recorrido anual que nunca cambia.

Iremos después a la Plaza Vieja para que veas cómo se arremolina ahora la gente en torno a una gran hoguera, mientras que las puertas de las casas están ya todas abiertas para esperar la llegada del Niño, y te extrañará que puedas entrar a cada casa aunque no te conozcan y allí te obsequien con cariño y generosidad. Y verás a las familias reunidas,  jóvenes y mayores, y a los amigos acompañarlos y vivirás la emoción y la alegría con que se escucha la campana, en manos de un animero,  que anuncia que enseguida llegará la visita más esperada de todo el año. Y, cuando entre la imagen del Niño en manos de otro animero, te sorprenderás del saludo que lo acompaña. “El Niño Jesús en esta santa casa” y oirás la respuesta que sale de la boca y del corazón de los presentes, “Bienvenido sea”. Y contemplarás cómo la van besando con devoción primero los padres y después los hijos y todos los demás acompañantes y después oirás la sencilla y esperanzadora despedida, “Hasta el año que viene”. Y te extrañarás de comprobar que no hay casa en que no se haga realidad año tras año esta tradición que tiene ya más de dos siglos.

Te preguntarás cómo es que todas las casas le abren la `puerta al Niño, a pesar de los tiempos de secularización que vivimos, y es que al Niño nadie le cierra la puerta porque, en el fondo del corazón de cada abaranero, sea creyente o no, se siente un cariño muy especial por esta imagen y por esta fiesta que se transmite generación tras generación y que trasciende lo puramente religioso para convertirse en una seña de identidad de este pueblo.

Te acompañaré a varias casas y en todas apreciarás el mismo respeto y alegría a la llegada de la imagen.

Y así, en miles de hogares del casco urbano y sus pedanías hasta bien entrada la madrugada cuando todas las imágenes vuelven a la parroquia de donde salieron al atardecer y allí, tras los últimos villancicos ya del tiempo navideño, se tendrá una oración por los difuntos, pues no hay que olvidar que esta tradición está ligada a la Hermandad de Ánimas de este pueblo; ella es la organizadora y la que mantiene este bello regalo, este día tan intenso y tan extenso, plagado de sinceras emociones y vivencias, aunque en ocasiones salpicado de detalles que no son muy propios del espíritu de esta fiesta tan entrañable y tan nuestra, que tiene en la sencillez su valor más profundo.

Bueno, amigo, por fin este año vas a poder cumplir ese deseo de vivir nuestro Día del Niño.

Te espero en el atrio por la mañana a las once para recibir a los Reyes Magos y después asistir a esa Misa que seguro que te gustará. Hasta entonces, un abrazo.