El pasado lunes, la tranquilidad de la Sierra del Oro se quebró en cuestión de segundos. Un fuerte trueno y el impacto de un rayo bastaron para que las llamas se desataran a escasos metros de las viviendas situadas junto a los repetidores de radio y televisión en Abarán.
Según relata en el periódico La Verdad, Manuel Ruiz, que reside con su familia en una casa de la zona, recuerda perfectamente el momento: «Sobre las cinco de la tarde vimos humo procedente de un incendio en Cieza y, poco después, sentimos el estruendo de un rayo que cayó muy cerca. Enseguida nos dimos cuenta de que había prendido fuego». A partir de ahí, la tensión fue en aumento. «Sentíamos miedo, el olor a quemado se hacía cada vez más fuerte y llegamos a pensar en marcharnos a otro lugar seguro», confiesa.
La suya no fue la única vivienda que vivió la incertidumbre de cerca. Antonio Fernández, otro vecino de la Sierra del Oro, asegura que también tuvo momentos de inquietud, aunque finalmente no fue necesario desalojar. «Nos tranquilizaron diciendo que el fuego no alcanzaría nuestras casas, y así fue. Los servicios de extinción hicieron un trabajo admirable. Son maravillosos, porque consiguieron controlar un incendio muy peligroso con rachas de viento muy fuertes», señala, agradecido.
Paula, conocida como la ermitaña, lleva una década viviendo en la Sierra del Oro en soledad y oración. Sin embargo, esta vez optó por abandonar su refugio por precaución. «Por sensatez y por no dar más problemas después, cogí el coche y me fui a Cieza, donde las hermanas de la Hospedería de las Claras me acogieron», cuenta con emoción. Aunque regresó al día siguiente, admite que las llamas le hicieron temer por su seguridad.
El despliegue del Plan Infomur, con medios aéreos y terrestres, y un cambio favorable del viento resultaron decisivos para frenar la amenaza. Finalmente, ni las casas ni el entorno inmediato sufrieron daños.
Lo ocurrido en la Sierra del Oro es solo un episodio más dentro de la complicada jornada del lunes, en la que los rayos provocaron cinco incendios en distintos puntos de la Vega del Segura y el Noroeste, afectando también a Ricote, Moratalla y Caravaca de la Cruz. Pero en Abarán, los vecinos que miraban con angustia las llamas sienten hoy un profundo alivio y, sobre todo, gratitud hacia quienes evitaron que la tragedia se convirtiera en realidad.




















