Algo más que una placa

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“El avance de un pueblo no está solo en la realización de grandes obras y proyectos, sino también en el cuidado por los pequeños detalles”.

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Así comenzó el que suscribe su intervención en el emotivo acto del viernes en el parque en el que Se recordó al entrañable Churri, algo más que merecido, descubriendo una placa en su honor y en el que también se descubrió una placa recordando al V Centenario del Fuero de Repoblación, una magnifica placa que reproduce perfectamente el cartel de ese evento que fue en  1983 la celebración de esos 500 años de la llegada de las veinte familias de moriscos de Hellín a esta tierra, prácticamente despoblada, para hacer morada aquí y poner las bases de lo que hoy es nuestra realidad como pueblo.

La celebración de ese hecho, hace ahora 38 años,  fue un antes y un después en muchos aspectos de la vida social y cultural de este pueblo. Jaime Tornero afirmó que allí comenzó el “abaranerismo” y quizás tenga parte de razón.

Esa celebración consiguió unir al pueblo por vez primera en la conmemoración de un hecho histórico y todo lo que entonces  se hizo, que fue mucho, especialmente aquellas verbenas por barrios, fue sentido por todos los abaraneros/as como algo propio, como algo que nos unía entre nosotros y con aquellos antepasados que han ido forjando Abarán.

Pero, si importante fue el éxito de aquella celebración, mucho más lo fue el espíritu que nació de aquello, pues a partir de ahí se empezó a investigar mucho más nuestra historia por parte de algunos (la “abaranología”) y a divulgarla entre la sociedad a través de cursos, publicaciones, artículos, exposiciones, periódico, … con una gran repercusión social impensable hasta ese momento. Y, a ese interés por conocer el pasado, se unió el interés por conservar todos los restos de ese pasado que quedan en nuestras casas y que hasta ese momento se habían apreciado poco y habían ido al vertedero  al no darles ninguna importancia, desde programas de festejos (un tesoro), hasta libros o prospectos antiguos o estampas de comunión ya amarillentas u objetos domésticos  o vestimentas o utensilios de todo tipo que eran como un estorbo y que se empezaron a tener en consideración y no acabaron en un contenedor.

Ese cambio de espíritu, de una sociedad que, enfrascada en el desarrollo económico, en el trabajo, en las labores agrícolas y exportadoras, no se había apenas interesado por su pasado a una sociedad que empezó a comprender la importancia del conocimiento de nuestras raíces y a responder mayoritariamente a cualquier convocatoria que tuviera que ver con ello.

De aquel grupo del V Centenario algunos ya se fueron, algunos muy temprano como Pirrino, Pepe Droguero, Roberto de Don Ambrosio y el último, Indalecio Maquilón. Aquí quedamos Pepe Gil, José David y el que suscribe, en Madrid Pedro García y en Murcia Luis Lisón, la fuente básica en la investigación histórica, y José Mª Gómez Espín.

Aquel grupo ya se disolvió pero recogió su antorcha el Centro de Estudios Abaraneros que mantiene su espíritu y que, por suerte, mantiene también el favor de un público fiel que responde a todas sus convocatorias.

Solo queda desear que esa placa en el parque sea respetada y no sea  objeto de vandalismo y, sobre todo, que cuando leamos en ella a aquellos Cobarros, Torneros, Gómez, Molina….pensemos que se merecen un recuerdo y reconocimiento por nuestra parte por su trabajo y su ansia en ir transformando un terreno tan desnivelado y difícil  en un vergel que nos ha ido dando la vida a los que hemos ido viniendo después y hemos comprobado que aquí, en este rincón junto al Segura, “vive siempre la paz del Valle”.

JOSE S. CARRASCO MOLINA

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