Domingo Resurrección en Abarán

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“No está aquí, ha resucitado” esto es lo que les dice un joven que estaba sentado junto al sepulcro vacío a las mujeres que iban con perfumes a embalsamar el cuerpo de Jesús.

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Este es el final de una semana intensa en el orbe cristiano, en la que de un domingo a otro se pasa en Abarán de las palmas a las palomas, pues en este último día de la Semana Santa en un recinto recogido que parece diseñado para esta procesión, la más alegre, la más emotiva, se recrea el hecho que da sentido y fundamento a la fe cristiana.

 Es una Plaza Vieja que poco a poco se va llenando de gentes que esperan con atención y tensión un momento, un solo instante pero que hará vibrar a miles de corazones que se encuentran apiñados y que sentirán cada año como si fuera nueva la alegría de ese encuentro tan esperado.

El cielo está azul, casi tanto como el Domingo de Ramos. Y, al igual que en ese domingo, buscamos del armario las mejores galas pues, después de una semana de pasión y dolor y muerte, el acontecimiento de hoy merece que nos vistamos con elegancia. Trajes grises, azules, beiges en los hombres, algunos encorbatados. Trajes de todos los colores en las mujeres: rosas, rojos, azules, verdes, lisos o estampados de lo más diverso. Elegancia destellante o silente, rutilante o sutil.  Todo ello hace de la plaza una acuarela que parece pintada por el más atrevido pintor.

En el atrio, pasadas las diez,  ya empiezan a bajar los tronos acompañados de sus bandas que tocan ya las marchas más alegres. Y comienza el desfile con el mismo paso que si fuera una procesión de la semana porque aún no se ha producido el mágico momento.

La Plaza ya se ve llena de gente y parece imposible que vayan a caber todos los tronos y bandas que deben colocarse allí. Lo que parece un milagro se hace realidad cada año.

Por una de las entradas ya se vislumbra un ángel premonitorio de la alegría que vendrá. Y tras él, Pedro, el primer Papa, el que negó al Señor pero luego su arrepentimiento expió su debilidad. Y María de Cleofás, una de las que se acercaron a la tumba a embalsamar el cuerpo del Señor, y la Verónica, la que enjugó el rostro de Cristo, y María Magdalena, que también fue al sepulcro, y el discípulo amado, Juan, al que Cristo encargó a su Madre. Ya están colocados los testigos, faltan los protagonistas. Y por la otra entrada a la plaza la imagen del Niño, algo nuestro, muy nuestro, que es avanzadilla de ese Resucitado que poco a poco avanza hasta llegar a la esquina del Ayuntamiento, Allí queda detenido. Por el otro lado, la Virgen del Amor Hermoso, con su manto aún negro avanza lenta. Las bandas van cesando en su música. A poco de entrar en la plaza, una primera reverencia y un primer grito de asombro y una paloma coloreada que se lanza al vuelo. Los anderos la portan hoy con un especial cariño. Es un privilegio para ellos que les toque este turno. Unos metros más adelante, una segunda reverencia y dos palomas al vuelo.

Más de una hora desde que comenzó el desfile. Pasan las doce del mediodía. El silencio se puede cortar. La calle Médico Gómez está llena de gente, en la Plaza no cabe un alfiler. Apenas unos pocos metros separan los dos tronos. El del Resucitado avanza muy poco a poco. El de la Virgen se va acercando, aún con el manto negro. Leve mecimiento de ambos tronos hasta que tras el 1, 2, 3….se tocan los dos tronos y la Virgen hace su tercera reverencia y palomas y palomas de todos los colores suben a los balcones y los tejados. Es la locura, la alegría, la emoción desbordante y desbordada. Otro año más, pero como si fuera el primero. Cada año es una novedad, algo que sorprende y admira.

Y las bandas vuelven a tocar y los tronos se mecen alegres y poco a poco la plaza se va vaciando. Y entonces llegan los Armaos a hacer su tradicional caracol. Y consiguen enrollarse y desenrollarse como cada año.

Y todo ha pasado ya. Ha ido una semana intensa, si, pero que se ha hecho muy corta. Todo un pueblo, sin distinguir edades,  condición e incluso, creencias ha vivido de una manera especial estos días.
Y, aunque este año, esta vivencia ha sido solo desde el corazón, estamos seguros de que será solo un paréntesis y que volveremos a vivir y a vibrar con nuestros desfiles y que el próximo Domingo de Ramos portaremos una blanca palma en la mano y el próximo Domingo de Pascua volverán en la Plaza Vieja a volar palomas, palomas, palomas…

Recordamos hoy la procesión de Domingo de Resurrección de años anteriores:

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