Una investigación del cronista oficial de Ojós, Luis Lisón Hernández, ha sacado a la luz el papel que desempeñó hace cuatro siglos El Garrobo, el histórico algarrobo situado entre Ojós y Villanueva del Río Segura. Así lo recoge un artículo publicado por LA VERDAD, que revela, a partir de documentación de 1626, que este enclave fue escenario de reuniones de las seis villas que integraban la antigua encomienda santiaguista del Valle de Ricote al servir como lugar de reunión de las seis villas que integraban la antigua encomienda santiaguista.

El hallazgo aparece recogido en un artículo publicado en el programa de las fiestas patronales de Ojós de este año y se basa en protocolos de 1626 incorporados a los inéditos ‘Anales de Ojós’. Gracias a esta documentación se ha podido reconstruir una reunión celebrada el 11 de enero de aquel año en la partida conocida como el Garrobo de Antonio Ortiz, situada en tierras de secano a las afueras de Ojós y en un espacio que constituía término común para Abarán, Blanca, Ricote, Ojós, Ulea y Villanueva.
En aquel concejo, los representantes de las seis localidades acordaron otorgar poderes a Pedro Falcón Agraz y al escribano Ginés Candel Bernad para que se opusieran a la compra de las alcabalas de las villas por parte de Gregorio de Torres Belda Hurtado. La decisión se tomó en un contexto especialmente delicado para la comarca, cuando todavía sufría las consecuencias demográficas derivadas de la expulsión de los moriscos en 1613.

La investigación aporta una novedad histórica relevante porque hasta ahora solo se tenía constancia de que El Garrobo actuó como árbol de junta del término proindiviso de Ojós y Villanueva, una singular fórmula administrativa documentada en fuentes posteriores. El nuevo documento permite afirmar que también fue sede de los concejos generales del Valle de Ricote, asumiendo esa función tras la desaparición del conocido Pino del Solvente a mediados del siglo XVI.
Seña de identidad compartida
Para los investigadores, este hallazgo convierte a El Garrobo en el segundo ayuntamiento general del Valle de Ricote documentado hasta la fecha. Su importancia histórica se suma al proceso de recuperación patrimonial impulsado en los últimos años por el Ecomuseo «Legado Vivo», que permitió identificar, rehabilitar y señalizar este ejemplar centenario, hoy considerado uno de los símbolos más representativos de la memoria histórica y la identidad compartida de toda la comarca.




















