
Tuvo razón el alcalde, que, al igual que Feli, no nació en Abarán, cuando, en su intervención al final del acto, afirmó que “la patria de uno es donde decide formar una familia”.
Y así lo hizo la pregonera de la Navidad de este año, Feli Ruiz, quien vivió el domingo 15 de diciembre en la Ermita uno de los momentos más inolvidables de su vida, según ella “el mejor regalo que había recibido nunca”.
Y es que se vio envuelta en cariño y afecto por la gran cantidad de gente que llenó la Ermita, aunque el primer detalle fue el presentarse en su casa para acompañarla hasta la Ermita un nutrido grupo de amigos cantando villancicos adaptados con letras referentes a la pregonera. Vestida de pastora, recibió así la primera sorpresa agradable del día.

Tuvo Feli dos introductores de lujo, dos Pedros, nada menos que Pedro Morente, Hijo Adoptivo de este pueblo, y su íntimo amigo Pedro Augusto García. El primero la definió como “fuerte, luchadora y omnipresente” y destacó que le unía con ella el haberse arraigado hace más de 50 años en este pueblo y no irse de aquí.

Pedro Augusto destacó su generosidad y afabilidad, pues se encuentra en su casa como si fuera la de su propia familia. Afirmó que es tan abierta que todo el mundo la conoce, “hasta los pájaros de la Ermita” y, por su entrega y dedicación al pueblo, la definió como “injerto afortunado en la vida de Abarán”, comparándola también con una abeja que procura endulzar la colmena.

Como detalle original que nunca habíamos vivido, antes de la intervención de la pregonera, el párroco don Miguel Ángel Saorín le dio la bendición.
Y tras todos estos preámbulos salpicados de cariño y de fe, toma la palabra Feli, quien comienza hablando del significado cristiano de la Navidad, un tiempo que conmemora un acontecimiento que ha cambiado la historia: el nacimiento de Jesús.

Tras ello, rememora su primera Navidad en Abarán, que la emocionó desde el principio, pues era muy diferente a la de Madrid, de donde venía y desde donde se desplazó a vivir en este pueblo por amor a su marido, Pepe el Droguero, cuyo recuerdo sobrevoló todo el acto.
Destacó de la Navidad abaranera algunos momentos que la definen, como las luminarias, las Misas de Gozo, las subastas de Cañero, la elaboración de dulces caseros, la cabalgata de Reyes y, por supuesto, la Noche del Niño, invitando a todos a mantener las tradiciones del pueblo y acabando con un ¡Viva al Niño Jesús! Todo ello estuvo salpicado de villancicos populares interpretados por el Coro de San Pablo y las Amas de Casa.

De manos de Movar, presidente de las Ánimas, recibió una placa conmemorativa, al igual que María Amor Molina Carrasco, quien fue nombrada Animera de Honor.

El presidente de la Hermandad tomó la palabra y confirmó el acierto al elegir a Feli como pregonera, por su fe tan profunda, por su bondad como persona y por su arraigo y cariño por este pueblo. “Nos has abierto los corazones”, afirmó.
El párroco de San Pablo intervino a continuación, destacando de Feli su valentía ante las adversidades y animó a todos a vivir la Navidad con esperanza e ilusión y a hacerse como niños.

El alcalde acabó las intervenciones invitando a todos a igualar la forma de vivir la Navidad que tiene Feli y deseando lo mejor para todos en estos días entrañables.

Pero no acabó aquí el acto, pues, tras las intervenciones, todo el mundo quería felicitar a la pregonera, que, vestida de pastora y bailando al son de villancicos dedicados a Feli la Droguera, vivió una de las jornadas más felices de su vida, recibiendo tanto cariño como ella ha repartido y reparte cada día por esas calles por las que tanto pasea y en las que tanto arraigo tiene.
JOSÉ S. CARRASCO MOLINA
Video del acto del Pregón de Navidad

PREGÓN DE NAVIDAD 2024
Señores Párrocos, autoridades, pregonerosde otros años, amigos: muy buenos días.
Mis saludos a todos los que me honráis con vuestra presencia y a cuantos me escuchen a través de otros medios.
Mi agradecimiento sincero a quienes me han ofrecido el honor de dirigiros el pregón y que mejor forma de comenzar, dando las gracias al señor y a mi marido (que está junto con él y me da fuerzas), dedicándole este villancico a todos los abaraneros que están en el cielo:
VILLLANCICO LA SEÑORA RUPERTA
Y vamos a ello.
Creo que sabéis que soy manchega de nacimiento y que viví en Madrid desde pequeña, creyendo que mi vida seguiría allí para siempre.Incluso cuando me casé con un abaraneroPepe Gómez Ruiz, el inolvidable Pepe el Droguero, pensábamos seguir en Madrid.
Pero las circunstancias mandan y en este pueblo tuve que iniciar una nueva vida.
En el primer año aquí apenas tuve tiempo ni ocasión de gozar las fiestas y celebraciones típicas del pueblo. Estaba aún aterrizando. En años posteriores, empecé a observar con más detenimiento, a entender y a disfrutar de las cosas de mi alrededor y, cómo no, a admirar la manera en que Abarán preparaba y vivía su Navidad. Nada que ver con Madrid, nada parecido a otros lugares conocidos: era algo único y original, algo digno de vivirse intensamente, algo que me atrajo poderosamente desde el mismo momento en que pude participar de ella, y a esto me voy a referirenseguida.
Primero he de comentar lo que todo el mundo sabe y muchos olvidamos: que la Navidad es un recuerdo, un recuerdo repetido cada año de algomaravilloso ocurrido hace más de veinte siglos y que cambió el rumbo de la humanidad. Nada fue igual después de este hecho.
La Humanidad sigue su rumbo a veces desquiciado. Hay gente para todo, con buenos y no tan buenos sentimientos, pero desde que ese Niño señaló al prójimo como la imagen de uno mismo, las relaciones humanas, las leyes, la vida en común dijeron no al egoísmoy perviven a trancas y barrancas, pero firmes.
Sí, la Navidad es solo es un recuerdo. Ya lo dice el villancico cazurro y descreído:
Esta noche nace el Niño;
esmentira, queno nace:
esas son las cirimonias
quetuiquios años hacen.
Sí, solo es un recuerdo, pero¡¡¡qué recuerdo!! el del nacimiento de un Niño que todo lo podía y, sin embargo, no vino al mundo en un palacio, ni en una Arrixaca, ni en una clínica Belén de Murcia, rodeado de cuidados exquisitos y lienzos de lino y pañales absorbentes, sino en otro Belén lejano y original,- “como son pobres, no los recogen” – parió María en un establo apartado y solitario que se llenó de una luz suave y misteriosa. Luz que atrajo a ángeles y pastores, a gente humilde que presenciaronel milagro. Y también a Reyes, que fueronmovidos porese lejanoacontecimiento,yqueya en su vejez, y casi perdidas las esperanzas, les fue permitido vivir llenos de dicha.
Tuvo José que tragarse sus dudas, sus lógicas dudas, y admitir que ese nacimiento estaba en manos de alguien superior a quien se debía acatar sin discusión.
Tuvo María que amamantar a aquel zagalico y mecerlotiernamente para dormirlo, con un gozo interiorinmenso, sabiendo que ella era una mujer escogidaentre todas las mujeres del mundo.
Y el Niño,¡tan pancho¡,mamando y disfrutando de la leche tibia de su madre, del lecho blando y dorado de la paja, que aceptaba sin remilgos y de los sinceros regalos que recibía.
Y ese milagro que es la Navidad, cada pueblo y cada uno lo celebra como mejor sabe.
En las grandes ciudades predominan las luces y el esplendor de sus calles, las cabalgas de Reyes llenas de color y fantasía…pero sin duda es algo más impersonal.
Yo no sé como lo celebran en otros pueblos, pero como he dicho al principio, la Navidad abaranera me emocionó de verdad desde que empecé a saborearla.
Para hablar de lo que toca a Abarán, evocaré primero las cosas de un poco antes. Empecemos por el principio y luego llegamos a nuestra actualidad.
No temáis, no voy a extenderme mucho. Solo lo justico.
Empezaremos con las luminarias, que no son cosas para olvidar.
Como digo ya hablaremos más tarde del presente, pero me vais a permitir que disfrute con vosotros el calorcico de aquellas lumbres que en su tiempo daban luz y vida a los vecinos que se arremolinaban a su alrededor.
Abarán no era ni es tacaño con las lumbres, sacábamos barriga y teníamos luminarias casi en cada esquina y un montón de noches, las noches de La Purísima, Santa lucía, Navidad y El niño.
Cada vecino traía de su casa los trastos viejos e inútiles de los que convenía deshacerse; los críos solían ir por las huertas, por los montes cercanos en busca de ramas secas y de lo que pillaban. Se competía para ver que luminaria era más chula y concurrida. Toda la calle era una familia alrededor de las llamas, de la magia de las chispas luminosas que embrujaban la noche. Y saltar por encima era un deporte de riesgo para el culo y algo más sagrado que el trasero, como eran los pantalones y las faldas del escaso ropero familiar.
Otro de los ritos abaraneros; otra costumbre que nos divertía nos caracterizaba, y nos unía como pueblo.
Pude ver que las misas de gozo se celebraban desde hacía mucho tiempo. Los zagales más madrugadores iban a despertar a los que se les pegaban las sabanas al compás de las casacañetas, chicharas y panderetas. Pero sin querer o queriéndolotambién daban la murga y desvelaban a los demás de la casa, que echaban venablos ante tamaña tabarra mañanera.
Y ya en la iglesia, los fieles en los bancos cerca del altar, y los críos en el coro con los instrumentos preparados.
Era casi imposible mantener el orden y el silencio en el coro. Estanislao abuelo refunfuñaba y repartía algún pescozón en un imposible intento para imponerlo.
Los asistentes rezaban con devoción…si es que podían ante semejante murmullo y, finalizado el oficio llegaba el momento esperado: El coro y los solistas nos deleitaban con sus villancicos, y finalmente, cuando el armonio tocaba para los zagales, su sonido era ahogado por el formidable guirigay de la banda infantil que competían al más fuerte mejor.
Las cascañetas sonaban sin descanso por las buenas y por los coscorrones que daban con ellas a los zagales que pillaban delante…cuánto fervor, ya digo.
La misa era y es, como sabéis, una mezcla bien trabada, como la mayonesa: desacrificados madrugones, de alegría, de jolgorio y de villancicosque, seguro, llegan al cielo.
Siguiendo con los recuerdos, quién no añora las subastas del inimitable e histórico Cañero en la Plaza Vieja. Hasta que no conseguía el precio que quería peroraba como un Ramoné cualquiera sin cerrar la subasta…a la una, a las dos, a las dos y media, a las tres menos cuarto a las menos cinco, a las menos cinco y media…y así hasta el infinito.
León Soler pujaba en duros. “17 duros y medio” . Y había que sacar las cuentas para saber de qué iba.
No digamos cuando algún bromista pujaba en reales “trescientos cuarenta y sietereales”. Ni él mismo sabía cuántas pesetas eran…alguien sacaba la calculadora, con los dedos de la mano.
O alguienpujaba a la baja ante un hermosa pollo corralero y Cañero le amonestaba advirtiéndole:“no comerás tu pollo, nene” … En fin….
No voy a detenerme en las cenas navideñas. Cada familia cenaba lo que podía. No eran años de abundancia, pero los dulces caseros y recalco “caseros”, pues cada una tenía su receta particular de hacerlos, como los pasteles rellenos de cabello de ángel, los rollos, los almendraos, nuestros inigualables escardaos….alegraban muchas mesas familiares.
Los hornos no daban abasto a cocer tanta llanda repleta de exquisiteces.
Y pasico a pasico llegamos a la Noche de Reyes y a la del Niño.
Los Reyes de entonces eran Reyes pobrecicos. Pasaban rápidos en sus flamantes caballos a la luz de unas cuantas antorchas que portaban algunos pajes de ocasión y dejaban en los balcones y en las chimeneas juguetes sencillos, baratos, con rara excepción en casa de algún niño muy bueno… o de padres pudientes.
Y a la noche siguiente la Noche del Niño.
Aquí debería callarme y reclamar de cada uno de vosotros que, en silencio también, repasara en su memoria tantas salidas del Niño en la fría noche de enero, apretujados como sardinas en lata, esperando el final de la misa y el comienzo de la gran noche…. ¡¡¡Que viva el Niño Jesús!!! Desde luego somos únicos…tratamos al Niño como si fuera de la familia… tantos bailes de pastoras en la calle larga al son de una banda a la que se clamaba sin cesar “música, música…” y tocaba una y otra vez “ a Nazaret marchar…”, tantas familias completas con sus viejecicos al frente presidiendo y esperando la visita del Niño al lado de la chimenea en la planta baja de las casas…tantas veces repetido “el Niño Jesús en esta santa casa”… “Bienvenido sea”… y “ hasta el año que viene”…”si Dios quiere” cuántos abuelos esperando aguantar un año más para poder vivir de nuevo este rito maravilloso…tantas horas en vela esperando oír el sonido de las campanillas de los animeros y vislumbrar la luz inquieta de sus faroles…Era un orgullo decir “ me he quedado hasta la recogida del Niño, este año hasta las seis de la mañana”
Y ahora vamos a cerrar – no a olvidar- el pasado y a hablar de nuestro presente, el que nos toca vivir y a hacer a nuestra medida.
Hay que repetirlo mil veces: el pueblo que no sabe guardar sus tradiciones es un árbol que muere de sequía, destinado al fuego.
Nuestro árbol, nuestro pueblo, no está ni mucho menos seco ,reverdece, aunque llueva poco.
Nuestras misas de gozo son eso, de gozoy de ellas gozamos aún cada año los valientes que abrimos las calles para oírlas en SanPablo. Los que disfrutamos como críos cantando por las calles con nuestras bellas voces… o no tan bellas, ¡pero cantamos!
El tráfico rodado y otras circunstancias han hecho que las luminarias deban refugiarse en la trinchera de la Plaza Vieja y en el Bajo Solana. Pero aún resisten, recordando al pueblo que defenderán su posición a fuego vivo, yno morirán nunca.
Las cenas navideñas en mesas hoy mejor surtidas seguirán reuniendo a la familia como un rito sagrado de afecto y de cariño.
La noche de Reyes con su ruidosa cabalgata ha mejorado con creces todo lo conocido antiguamente, con sus grupos de baile en los que participa como debe ser, la infancia y la juventud.
Los Reyes son ahora más espléndidos en juguetes y regalos. Y también como siempre junto a los paquetes cerrados van dejando a los niños afortunados sus dádivas invisibles: inteligencia, bondad, ilusiones….
Y de la Noche del Niño ya queda dicho todo. Yo lanzo la idea de que pronto esos grupos que alegran la cabalgata de Reyes puedan hacerlotambién esa noche con los atavíos apropiados, como antes las pastoras a la salida de la iglesia, para llenar de alegría y colorido el principio del recorrido.
Para terminar, os voy a contar un brevísimo cuento del maestro Azorín que publicará pronto Jesús Yelo.
Dicen que hace muchísimos años vivía en Belén un riquísimo anciano que poseía dinero, casas, tierras, ganado, criados y cuanto se pudiera desear en este mundo.
Pero era también avaro, tacaño, huraño y exigente con su familia y sirvientes, hasta ser temido por todos.
Cierta noche, un pastorcillo vino a decirle todo azorado, que había visto luz en el abandonado establo que tenía en las afueras del pueblo, suponiendo que había sido ocupado por alguien desconocido. Ante tan enorme delito, salió el vejete armado de un garrote, dispuesto a expulsar violentamente a los okupas. Pero llegado a las inmediaciones vio un extraño y suave resplandor que envolvía el ruinoso refugio, de tal manera que empezó a moderar su ímpetu y se dispuso prudentemente a indagar qué pasaba allí antes de actuar a lo loco.
Se asomó con cautela a una ventana que daba al interior y, de pronto, quedó sobrecogido por la visión de la escena que se representaba ante sus ojos….
Allí permaneció extasiado no se sabe cuánto tiempo, ignorando el frío y, al cabo, con todo sigilo y como en sueños regresó a su casa.
Desde aquella noche nadie pudo reconocerlo. Vagaba ensimismado por las estancias; su mirada resplandecía; era espléndido con los pobres y necesitados; sus palabras eran breves y amables.
Los que antes le temían se burlaban de él ahora viendo su mansedumbre. Todos lo daban por loco, sí, un loco pacífico. Él repetía y repetía la visión deslumbradora: “tres reyes y un niño”; “tres reyes y un niño” …
Abarán, heredó, no se sabe cómo, esa maravillosa locura, por la que nada menos que Dios hecho niño, entra humilde, familiar y alegremente en nuestros hogares y nos transforma, en un solo día, en una sola noche, en locos bulliciosos, en locos hospitalarios, en locos cordiales.
Iremos adaptándonos a las circunstancias, pero dejemos claro que somos responsables de que no se pierda nunca, ¡NUNCA! esta entrañable locura.
Y aquí se acaba el pregón, HA SIDO MI PREGÓN, acaso con las mismas imágenes que todos tenemos, pero con un gran valor añadido, el de convertir a una madrileña en una abaranera de pura cepa.
Deseando a todos paz, alegría y salud…y a mí que no me falten.
¡¡¡Que viva el Niño Jesús!!!


















