El pasado sábado, el Festival AzáRock celebró por todo lo alto su vigésimo aniversario, consolidándose como uno de los festivales de referencia en el panorama musical. La jornada estuvo marcada por la energía, la diversidad de estilos y el inconfundible ambiente que solo este festival sabe generar.
Los encargados de abrir fuego fueron los ciezanos Estado Kaótico, pioneros del punk rock murciano que volvieron a demostrar por qué se han ganado el calificativo de brutales. Su descarga de rock directo y sin concesiones prendió la mecha de un público entregado desde el primer acorde.

La noche continuó con la sesión del Dj M. Lacroix, que desplegó un recorrido sonoro por los grandes éxitos del rock. Su propuesta, marcada por la capacidad de unir generaciones a través de la música, se convirtió en uno de los momentos más celebrados. Fiel a su estilo, abrazó el espíritu del AzáRock , manteniendo al público en constante movimiento.
Por su parte los murcianos Lude, volvieron a representar sobre el escenario la evolución del rap metal y el nu metal.
Noise Box, estandarte del indie murciano. Con su sonido personal y contundente, recordaron por qué son una de las bandas más queridas de la escena alternativa.

El cierre estuvo a cargo de los sevillanos Derby Motoreta’s Burrito Kachimba, que desplegaron su inconfundible kinkidelia. Con una puesta en escena arrolladora, derrocharon energía y carisma de principio a fin, ganándose el reconocimiento unánime como el espectáculo más potente de la noche.

El XX Aniversario del AzáRock quedará en la memoria como una noche de celebración, diversidad musical y comunión con el público. Veinte años después, el festival sigue demostrando que está más vivo que nunca y que aún le queda mucho rock por delante.
¡¡Larga vida al AzáRock!!
Entrevista en Radio Abarán a Javi Martínez, miembro de la organización del Festival AzáRock

Con motivo de este evento, días pasados tuvimos ocasión de hablar en Radio Abarán con Javi Martínez, miembro de la organización, quien entre otras cosas destacó que mantener vivo el festival durante dos décadas ha supuesto “20 años de esfuerzo” que se han visto recompensados por la respuesta del público. “Creo que forma parte ya de una liturgia prefiesta muy interesante en el pueblo”, señaló.


















