Jueves Santo en Abarán

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Comienza en este día el triduo más importante del mundo cristiano que está constituido por las celebraciones de la Última Cena, de la Pasión y Muerte y de la Resurrección.

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El Jueves Santo no está teñido aún del dolor, la sangre y la muerte del Viernes. Es el Día del Amor Fraterno, día en que resuenan las palabras que resumen toda la enseñanza de Jesús a lo largo de su vida pública: Amaos los unos a los otros como yo os he amado.

Y es día de vida intensa dentro de los templos: confesiones, arreglo del monumento y ya por la tarde, solemnes oficios con las iglesias llenas,
conmemorando la última cena, la institución de la Eucaristía. Y en esta celebración, el rito del lavatorio que es la máxima expresión de la humidad de un Cristo que se rebaja hasta lavarle los pies a sus discípulos.

En nuestra iglesia, doce hombres de otras tantas cofradías, vestidos con sus túnicas hacen realidad este ritual y el sacerdote, como otro Cristo, les lava los pies uno a uno.

Y, al final de la celebración, la procesión eucarística que llega hasta el monumento y allí, dentro del sagrario, se queda el Cuerpo del Señor para ser velado durante toda la noche por fieles que vencen al sueño para no dejar solo a Cristo en esa noche crucial.

Pero también se vive Jueves Santo en las calles de este pueblo. Y, al caer a tarde, desde la iglesia de San Juan Bautista, al igual que Domingo de Ramos o Martes Santo, sale la procesión de este día, procesión relativamente reciente que se organiza a raíz de la adquisición por el sacerdote Don Antonio Yelo de las tallas de la Santa Cena, nada menos que trece esculturas realizadas por la mano de García Mengual allá por el año 1994.

Es, por tanto, el trono de mayores proporciones de los que procesionan en nuestros desfiles y cuesta mucho conseguir ponerlo en la calle cada año.

Pero, al final, la voluntad y la decisión y el esfuerzo de muchos amantes de nuestras procesiones y nuestras tradiciones vence y el trono va discurriendo con lentitud hasta la ermita donde acaba el cortejo.

La Era y la calle Doctor Molina están llenas de gentes que esperan su paso con expectación. Pedro, Santiago, Juan, Felipe, Andrés…y hasta Judas Iscariote, el que lo iba a entregar, están alrededor de una mesa disfrutando de la comida y de la bebida y, sobre todo, de la presencia del Maestro, al que tanto amaban. Ellos escuchan de Jesús esas palabras que instituyen la Eucaristía y que aún resuenan cada día en todas las iglesias del mundo: “Tomad y comed, esto es mi Cuerpo”, “Tomad y bebed, esta es mi Sangre”.

Tras el grandioso trono, una escena posterior a la de la Cena. Ya Jesús había anunciado que alguien lo iba a entregar y todos lo negaban, pero solo Cristo y el traidor lo sabían. Otra vez la mano del escultor murciano García Mengual está detrás de estas tallas del beso de Judas. Es la Hermandad de la Flagelación la que se encarga de procesionar esta imagen.

Acaba la procesión vespertina y hay que esperar hasta las doce para que se haga el silencio en el pueblo, para que comience la procesión más
penitencial, aquella en la que, con el alumbrado de las calles totalmente apagado, desfila una imagen imponente de otro escultor murciano y muy ligado a este pueblo, José Planes. Maestría de unas manos para reflejar, como si fuera un ser vivo, el dolor y el sufrimiento de un hombre clavado en la cruz.

No hay cornetas ni tambores, solo un tambor que, con sonido ronco, marca el paso de un trono cuyos anderos ponen en juego toda su fortaleza para conseguir poner en la calle esta imagen. Solo se escucha, junto al eco del tambor, el crujir de la madera de este bello trono y el leve murmullo de los anderos en cada cambio de turno.

Después de un largo trayecto, que nace y muere en el atrio, acaba este desfile. La luna llena como fiel testigo de este silencio, de este sufrimiento, de esta íntima y profunda penitencia.

Visita Nazarena a la Residencia Nicolás Gómez Tornero

La visita nazarena a la residencia Nicolás Gómez Tornero la mañana del Jueves Santo, ya se ha convertido en otro de los momentos más destacados de la Semana Santa abaranera. Las distintas hermandades trasladan sus tronos pequeños y en el patio del centro llevan a cabo una emotiva procesión con unos espectadores de excepción, nuestros mayores.

Este año, la crisis sanitaria del coronavirus ha vuelto a impedir, al igual que ocurriera en 2020, que se pueda realizar este acto.

Desde Radio Abarán hemos querido recordar hoy, Jueves Santo, esta celebración de años anteriores cuyo precursor fue Antonio Piornos, integrante de la Hermandad de la Flagelación.

Recordando las procesiones de Jueves Santo

También traemos a esta pagina el recuerdo de las otras procesiones destacadas de este día, como la procesión de la Santa Cena y la procesión del Silencio.

Procesión Santa Cena 2018:

Procesión de la Santa Cena 2017:

Procesión de la Santa Cena 2014:

Procesión del Silencio 2019:

Procesión del Silencio 2017:

Procesión del Silencio 2016:

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