Maria Victoria Molina, ejemplo de mujer empresaria en el entorno rural

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Con motivo del Día Internacional de la Mujer Rural, el diario LA VERDAD publicaba este domingo un amplio reportaje, firmado por Marta Semitiel, sobre cuatro pequeñas  empresarias de la Región, entre las que se encuentra la abaranera María Victoria Molina.

Hace treinta años que María Victoria comenzó a trabajar en el campo «como algo temporal, porque necesitaba independizarme y no encontraba trabajo de delineante, que era lo que yo había estudiado», cuenta. Lo que entonces no se imaginaba era que acabaría dedicándose por elección propia a la huerta: «Con el tiempo me di cuenta de que a mí me gustaba la agricultura y que esto era a lo que yo me quería dedicar. Porque además era un mundo en el que las mujeres estaban en muy malas condiciones, y como yo siempre he sido muy reivindicativa, pues vi en el campo también una oportunidad para luchar por nuestros derechos».

Artículo completo en LA VERDAD. 

Así fue, poco a poco, «en los descansos del almuerzo», como empezó a interesarse por aprender todo lo que necesitaba. «Le pedía a mis compañeros que me enseñasen cosas para poder ascender de categoría. Y cuando sabía hacerlas, los encargados siempre me pedían que lo demostrase. El campo es un mundo muy masculinizado y las mujeres que estamos en él tenemos que esforzarnos el doble que los hombres para que se nos tome en serio». Ella asegura que las mujeres rurales «son más pobres que los hombres, porque la mayoría no cotizan aunque hayan trabajado toda la vida». Más del 70% de los cultivos agrícolas en España están en manos de los hombres. Por eso ella cree que la ley 35/2011 sobre la titularidad compartida de las explotaciones agrarias «es fundamental, es un derecho de las mujeres rurales, pero no se impulsa a nivel político y ellas tampoco la reclaman, y es una pena».

nombre de María Victoria suena como candidato para ser la responsable de la Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales en la Región. Una labor y una lucha que ella revestirá, como todo lo que hace, de color morado: «Porque yo soy feminista desde que nací, desde antes de saber que existía esa palabra», dice con orgullo y resignación en la mirada, «porque se han conseguido cosas en el campo, pero aún nos queda mucho por hacer, por ejemplo, en la lucha de las mujeres que trabajan en cooperativas de fruta, que tienen jornadas muy largas por un salario de risa, y además las tratan fatal». Ella sufre el machismo del campo en otros ámbitos: «Por ejemplo cuando me ven con el tractor o cuando cojo el camión con fruta, o cuando me tienen que obedecer los temporeros. Ahí lo noto mucho». Sin embargo, tiene claro que jamás se iría a vivir a la ciudad, «porque estoy acostumbrada al silencio de la vida, que es el ruido de la naturaleza. Y eso no lo cambiaría por nada del mundo».

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