La Ermita de San Cosme y San Damián fue anoche el lienzo perfecto para una salida de los Niños sin precedentes y que pudo seguirse en directo gracias a la retransmisión de la television autonómica 7RM.
Vídeo de la retransmisión por 7 Región de Murcia:

Abarán volvió a vivir este 6 de enero uno de los días más intensos y profundamente arraigados de su calendario festivo y religioso: la Noche del Niño, una tradición singular que convierte al municipio en un pueblo con las puertas abiertas, donde es el Niño Jesús quien sale al encuentro de sus vecinos, visitando casas, hospitales y residencias, en una manifestación de fe, cercanía y convivencia difícil de encontrar en otros lugares.
Desde primera hora de la mañana, las imágenes del Niño Jesús comenzaron su recorrido por hospitales y centros asistenciales, llevando consuelo y esperanza a los abaraneros enfermos o impedidos. Eesta visita a los enfermos es uno de los momentos más entrañables de la jornada, una experiencia que, según quienes la han vivido de cerca, “produce una mejoría espiritual extraordinaria” en quienes reciben al Niño en una cama de hospital o en la residencia de ancianos.
La jornada continuó por la tarde con la salida de varios Niños desde la parroquia de San Juan Bautista. En total, alrededor de treinta Niños recorren Abarán a lo largo del día, organizados en distintas rutas que permiten que ninguna casa quede sin recibir la visita.
Una misa histórica en la ermita de los Santos Médicos
Uno de los momentos más destacados del día fue la celebración de la Misa de la Epifanía, que este año tuvo lugar, de manera excepcional, en la ermita de los Santos Médicos San Cosme y San Damián, debido a las obras de restauración de la parroquia de San Pablo. Un hecho inédito en la historia reciente de la fiesta, que convirtió a la ermita en epicentro de la vida religiosa abaranera.
La eucaristía, celebrada en un ambiente de recogimiento pese al intenso frío de la noche, estuvo presidida por el párroco de San Pablo, Don Miguel Ángel Saorín, acompañado por sacerdotes de las parroquias de San Juan Bautista y San José Obrero de Cieza. Durante la homilía, se recordó que “el Niño quiere entrar en nuestras casas y en nuestras vidas”, invitando a los fieles a abrir el corazón y a vivir la fe con sencillez, humildad y compromiso durante todo el año.
El acto contó también con la presencia de autoridades regionales y municipales, reflejo del reconocimiento institucional a una tradición que se pretende declarar Fiesta de Interés Turístico Regional, dada su singularidad, antigüedad, con orígenes que se remontan al menos, al siglo XVIII, y su profundo valor humano y social.
Una tradición con tres dimensiones: personal, familiar y social
Durante la retransmisión, el cronista oficial de Aarán, José Simeón Carrasco, destacó las tres grandes dimensiones que definen esta fiesta. En primer lugar, la dimensión personal, el encuentro íntimo de cada persona con el Niño cuando cruza el umbral de su casa. En segundo lugar, la dimensión familiar, ya que el Día del Niño propicia la reunión de familias enteras, dejando a un lado diferencias y tensiones. Y, por último, la dimensión social, que convierte a todo Abarán en una gran familia, donde cualquiera, sea o no del pueblo, es acogido como uno más.
“No es extraño entrar en una casa donde no conoces a nadie y que te ofrezcan lo mejor que tienen”, se señalaba durante la narración, subrayando el carácter generoso y hospitalario de una fiesta en la que miles de hogares permanecen abiertos durante toda la noche.
La salida de los Niños, corazón de la noche
Tras la misa, tuvo lugar la bendición de los Niños que habían presidido la celebración y la posterior salida de los nuevos portadores y animeros. Con la campanilla anunciando su llegada, los Niños fueron abriéndose paso entre una multitud emocionada que abarrotaba la explanada de la ermita y sus alrededores.
Este año, como novedad y también por la situación excepcional del templo parroquial, los Niños descendieron en procesión hasta la Plaza Vieja, desde donde se distribuyeron para recorrer las distintas zonas del municipio. Una imagen histórica que quedará para el recuerdo de esta edición.
Los trajes, cuidadosamente elegidos y cargados de simbolismo, mostraban la diversidad cromática y estética que hoy caracteriza a la fiesta, lejos de aquellos tiempos en los que solo cuatro Niños, identificados por colores, recorrían el pueblo. Cada vestimenta es una ofrenda, una muestra del cariño con el que Abarán quiere presentar al Niño “lo mejor que tiene”.
Una noche que no entiende de relojes
En Abarán, el día 7 no existe: la noche del 6 se prolonga hasta bien entrada la madrugada, cuando los Niños regresan tras completar sus rutas. La hoguera de la Plaza Vieja, el canto de los animeros, los villancicos tradicionales, algunos exclusivos del municipio, y el encuentro constante entre vecinos y visitantes mantienen viva una celebración que es, al mismo tiempo, religiosa y profundamente humana.
Así, Abarán volvió a demostrar que esta no es solo la fiesta de la Epifanía, sino la Noche del Niño, una tradición viva que define la identidad del pueblo y que, año tras año, sigue emocionando a quienes la viven dentro y fuera de sus calles.

















