Un gigante con un ojo en la frente

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Así es cómo se describe a Polifemo, ese personaje de la mitología griega, hijo de Poseidón. Y así fue cómo, metafóricamente, describió nuestro paisano Pedro Augusto, abaranero de más allá de la Garita, la torre de nuestra iglesia, alta como un gigante y con un solo ojo, que es su reloj, un ojo que, según afirmó nuestro paisano, estaba cegado, con cataratas, pero que ahora ya está sano y cumple su función.

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Todo ello se inscribió en el acto de inauguración oficial de la restauración del reloj de la iglesia de San Pablo, que tras unos meses de trabajos, tuvo lugar el sábado 26 tras campanear las doce del mediodía, acto que reunió a bastantes vecinos amantes de las cosas de su pueblo y que echaban de  menos los toques de su reloj, de un reloj que data de 1944 cuando se restaura la torre, siendo cura don Juan Belmonte y alcalde Ginés de Gamboa, encargándose José Gómez de su mantenimiento, datos que nos proporcionó esa misma mañana Joaquín Cano. Aunque en la torre de la iglesia hay reloj desde el siglo XVIII nada menos, por lo que no es, ni mucho menos, un invento de hace cuatro días. Y eso era un argumento aún más a favor de que no se le dejara perder.

En ese acto, cuya crónica ya apareció en este medio, se lanzaron al aire por parte de todos los intervinientes ideas que tenían todas un denominador común, el amor por las cosas del pueblo y el deseo de irlas mejorando entre todos.

Esa es la clave, ENTRE TODOS, es decir, aportando cada uno su colaboración sin esperar que todo nos venga desde arriba. Y eso ha sido la clave de esta actuación, hacer partícipes a muchos abaraneros de más acá y más allá de la Garita de una iniciativa y llamarlos a la colaboración moral y económica. Y han respondido y generosamente. Abaraneros de aquí pero también residentes en Murcia, Madrid, Sevilla, Orihuela, Ceutí,  Zaragoza…han dicho “contad conmigo” y entre todos le hemos dado cuerda al reloj de nuevo.

Es verdad que no es una gran obra, como lo puede ser un gran parque o un gran edificio, pero es que el progreso de un pueblo también se ve en los pequeños detalles, en las pequeñas cosas que lo configuran como pueblo, que marcan su identidad y el cuidado de estos detalles nos compete a todos no solo al alcalde o Ayuntamiento de turno.

Y es que el reloj no marcaba solo las horas, marcaba el pulso del pueblo. Y un reloj parado y sin funcionar ya durante años dice muy poco de sus vecinos. Es señal de dejadez, apatía, indolencia, rasgos que impiden que un pueblo avance y vaya hacia adelante.

Oportuna ha sido y simbólica la puesta en marcha de este reloj cuando venimos de unos meses de oscuridad, silencio aislamiento, meses en los que este pueblo, como todos, ha ido latiendo pero con las pulsaciones justas por las razones que todos conocemos. Ahora que ya parece que vemos la luz al final de este triste túnel, ya tenemos que poner en marcha el reloj de la vida del pueblo, el reloj de la cultura, también el de la fiesta, que tanta falta hace, y otros muchos que deben volver a funcionar. Muchos son los retos que tiene el pueblo por delante, pero hay que empezar por ir afrontando pequeños retos, aquellos que pueden conseguirse si los abaraneros decimos “¡vamos!”. El reloj ha sido un ejemplo pero hay otros y a mí se me ocurrió, ya que estábamos en un lugar cargado de historia, empezar a pensar en la tarea de rehabilitación del casco antiguo, un conjunto laberíntico y atractivo si invertimos un poco en su adecentamiento y se me ocurre una idea que puede ser extensiva a todo el pueblo y es la renovación de los rótulos de las calles, sustituyendo esos azules metálicos, tan poco estéticos,  por otros que tengan un mayor encanto. Y ya hay abaraneros que han dicho ¡adelante! solo al sugerirlo.

Bueno, ahora vamos a descansar un poco tras el esfuerzo del reloj y enseguida afrontamos otras metas, pero que solo se conseguirán si, sea cual sea el alcalde o el partido gobernante, todos aportamos nuestros talentos y nos podemos a colaborar, recordando el verso de Benedetti: “usted sabe que puede contar conmigo”.

JOSE S. CARRASCO MOLINA

CRONISTA OFICIAL DE LA VILLA

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